Arte fayuquero, evolución de la creatividad en México

Por: Gabriel Rodríguez Liceaga
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Prints, stickers, pósters, playeras, pañuelos, bongs, esculturas, títeres y una gran variedad de artículos engloban los esfuerzos y trabajos de sus creadores

La imagen se popularizó en redes sociales: un grupo de Doctores Simi giran suspendidos en el cielo como voladores de Papantla. Si la creatividad es juntar cosas que jamás habían estado juntas, entonces dicha ilustración de Ketsueji Koibito es un indiscutible ejemplo poderoso y cabal de arte mexicano actual y contemporáneo. Quiero una camisa XL con ese dibujo.


La buena noticia es que dicha merch oficial existe. El de Ketsueji es sólo un ejemplo. El primero que me hizo pensar en este texto hace años. Hay un titipuchal de artistas plásticos que modifican la realidad para justificar sus pesadillas en su obra. Obra viva, pues así como exhiben su chamba en redes sociales, la venden en tianguis o te la llevan a la estación del metro que más cerca te quede.

El arte en México está evolucionando. Siempre he pensado que Arte Fayuquero es la mejor forma de nombrar el trabajo de todas y todos estos artistas, un nombre que engloba sus esfuerzos y trabajos herculinos. Arte Fayuquero.

Temo que haya quien lo vea como un término peyorativo. No es así. Es importante mencionar que yo crecí tomado de la mano de mi madre a lo largo de diarias fayucas sin fin, allá en el Tepito de mi infancia. Es un término que propongo con cariño, pues.

Porque qué mayor dignidad que la del que ensambla y desarma el puesto donde se exhibirá su trabajo, qué forja más carácter que cargar en el metro el torso de maniquí que usará la playera con tu diseño. Dignidad y carácter, tan sólo agrega talento y paciencia y sale un artista. Lo que quiero decir es que a veces es importante nombrar las cosas para que sea mas notorio ver como evolucionan, englobarlas para entenderlas.


El fin de semana fui con mi chava a la Semana Diabla que estuvo por dos días en la Colonia Doctores. Arte Fayuquero a tope: Prints, stickers, pósters, playeras, pañuelos, bongs, esculturas, títeres, fanzines, comics, literatura, posibilidades de tatuajes, vajillas, etcétera, etcétera. La oferta es inabarcable.

Yo no cabía del asombro, donde colocaba los ojos acababa diciendo guau o qué chulada. Un bello despliegue de talento y paciencia creadora. Son, la anhelada promesa de que la imaginación un día estará al poder.


¡Pues pongámosla al poder!


Siento que no los pelamos tanto. El talento en este país es sinónimo de frustración, pero tampoco nos la mamemos. Conozcamos a nuestros ilustradores y artistas urbanos, compartamos sus trabajos, vistamos sus prendas, que en las selfies de espejo se vea un sticker en la espalda del cel hecho por nuestra creadora fayuquera favorita. ¡Algo!

Hay que ponerle más atención al arte, a sus evoluciones que ocurren frente a nuestras narices y debajo de los pedestales. En columnas posteriores pormenorizaré, hasta donde mi criterio me permita, acerca de los creadores mexicanos cuya chamba más me ha asombrado. Llevo años anhelando que los mexicanos generemos nuestra propia cultura: ¡Papantla, tus doctores Simi vuelan!