06066 | Morir para vivir

David Goodall
Foto: El País

Uno de nuestros peores miedos en la vida es la muerte, y aunque todos quisiéramos morir sin siquiera sentirlo, lo cierto es que nunca podremos adivinar lo que el destino tiene preparado para cada uno de nosotros

El pasado mes de abril, el científico David Goodall celebró sus 104 años de vida y, rodeado de su familia, sopló las velas de su pastel con un solo deseo: morir con dignidad.

“Lamento mucho haber llegado a esta edad”, declaró el científico. “Quiero morir, no es particularmente algo triste. Triste es que a uno se lo impidan. Una persona vieja como yo tendría que tener derechos plenos como ciudadano, incluido el del suicidio asistido”.

Y es que, como sabemos, en la mayoría de los países, la eutanasia y el suicidio asistido están prohibidos, aun cuando los pacientes de enfermedades terminales no tengan esperanzas de recuperación.

Pero Goodall no tenía una enfermedad terminal. Por el contrario, gozó de muy buena salud hasta hace poco tiempo.

Jugó tenis hasta los 90 años y practicó el teatro amateur hasta que la mala vista le impidió manejar para participar en los ensayos. Fue investigador honorario en la Universidad de Perth hasta que la vista le hizo imposible leer los correos electrónicos, además de que los viajes en transporte público le resultaban un esfuerzo físico excesivo.

Hace dos meses sufrió una caída en su departamento. “Grité, pero nadie me podía escuchar”.

Pasó dos días en el suelo hasta que la persona que le ayuda con la limpieza lo encontró y lo llevó al hospital, donde los médicos atendieron sus lesiones y le explicaron que ya no podía hacer nada solo. Aceptó el cuidado de sus hijos, porque la otra opción era un asilo.

Así es como en su cumpleaños, tomó la decisión de viajar a Suiza para someterse a una eutanasia, y la semana pasada, el respetado botánico y ecologista, creador de la serie de 30 volúmenes de Ecosistemas del mundo, por fin pudo cumplir su último deseo. Rodeado de sus familiares y escuchando música de Beethoven, recibió una droga letal con la ayuda de los médicos de una clínica de Basilea.

La eutanasia sigue siendo un tabú en nuestros días y sigue siendo tema de gran controversia en todo el mundo, al grado de que en muy pocos países está permitida esta práctica y en muchos menos se discute el derecho a la muerte que puede tener cada persona que así lo elija.

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