Es cierto: los periódicos sirven para matar moscas

Se arrepintió pronto de sus palabras, pero quizá ustedes se enteraron que Rosario Robles, secretaria de Desarrollo Urbano del gobierno de Enrique Peña Nieto, dijo que los periódicos sólo sirven para matar moscas y limpiar vidrios.

Esta columna tiene hoy como objetivo decirle lo siguiente a la secretaria Robles Berlanga: no se preocupe, secretaria, tiene usted razón. Es más, sólo le faltó agregar un clásico cuando se critica a los medios: también se usan para madurar aguacates.

Coincidimos, pero habría que aclarar que diferimos en los argumentos que sirven para sostener esta frase.

Si entendí bien, la funcionaria dijo esto en Chihuahua, frente al gobernador César Duarte, y lo hizo convencida de que los medios destruyen, cuando “lo difícil es construir”. Los medios, pues, como espacio para la “mala” crítica.

Yo usaría la frase, pero para decir que, en este país, el periodismo no tiene consecuencias y por eso sólo sirve para lo que describió Robles.

Me explico: se han documentado casos de corrupción y no ha pasado nada. Podríamos citar ejemplos obvios, como el propio César Duarte, quien usó recursos públicos para financiar un banco del que es copropietario. O al gobernador de Quintana Roo, Roberto Borge, quien encabeza una red de funcionarios que han despojado a hoteleros de sus propiedades para quedárselos ellos. Y ni qué decir del veracruzano Javier Duarte, quien ha acumulado decenas de denuncias.

Y los tres siguen en el poder.

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Ahí están más casos en el gobierno federal. No pasó nada cuando se documentó que el Presidente y el secretario de Hacienda fueron beneficiados por una empresa constructora para que pudieran comprar sus casas.

Lo mismo pasa cuando demuestras ineficiencia o falta de resultados, cuando pruebas —con las herramientas del periodismo— que un político miente o promete cosas que nunca cumple. Siguen en sus cargos.

Por eso coincido con lo dicho por la funcionaria. En un gobierno marcado por la impunidad, la denuncia documentada no tiene consecuencias, en contraste con lo que ocurre en otros países.

Lo único “grave” es que Rosario Robles verbalizó lo que ya sabíamos: probar corrupción les hace “lo que el viento a Juárez”.

Probablemente la frase sólo admita un matiz: para los políticos, que los descubran no tiene importancia. Pero para los ciudadanos cada vez tiene más importancia. No es gratuito que en Chihuahua, donde Robles dijo lo que dijo, su partido perdió las elecciones.