Ciudad de necios | Somos una pesadilla

el negocio de la ignorancia

Necios a los que les conviene el negocio de la ignorancia, sobre el de la prevención.

Cuando tiembla se le cae la máscara a la CDMX. El fingido rostro sonriente que mira al progreso y al progresismo se desmorona.

La CDMX, que dice ser la más chingona, resulta ser la más chaqueta. Dicen algunos que la CDMX y los chilangos ya no resisten un temblor más, pero los días pasan y el tiempo demuestra que la ciudad sigue resistiendo (colgada entre alfileres) y que —ojo con esto— los chilangos siguen aguantando las trapacerías de sus gobernantes. Lo segundo es igual de trágico que lo primero, porque demuestra que el caldo telúrico nos ha salido más caro que las albóndigas.

Soportamos todo, aguantamos todo, por eso la clase gobernante hace y deshace. Nos dan atole con el dedo y nosotros lo chupamos porque, entre otras cosas, tenemos mala memoria y pronto olvidamos lo que nos indignaba. Un día nos organizamos y rebasamos a los gobiernos, y al otro se nos olvida pedir cuentas; un día exigimos recursos, y al otro ya ni nos acordamos a quién le dimos el dinero y qué hizo con él. Los chilangos somos dejados. Nuestra ciudad es una dejada. Por eso los sismos nos hacen lo que quieren cada que nos sacuden.

Comprendo que a las fuerzas naturales nunca se les gana, ¿pero estamos preparados para actuar cuando se nos presenta un sismo? ¿Invertimos lo suficiente en prevenir? Nel y nel.

Los chilangos estamos rodeados de bombas de tiempo que no sabemos desactivar. Si culpamos a la clase gobernante por no haber invertido lo suficiente en infraestructura sísmica y servicios de emergencia de primer mundo que actúen eficazmente, entonces deberíamos culparnos a nosotros mismos por escoger gobiernos incompetentes, transas y aceptar nuestra responsabilidad ciudadana en las tragedias.

¿Qué pasa inmediatamente después de un sismo? Los chilangos se lucen desalojando en tiempo récord el lugar donde están, dicen que somos de los seres humanos que más rápido evacuamos. Chido. ¿Nos hemos preguntado qué es lo que se debe hacer después de un desalojo? No. Ni nadie nos lo ha enseñado tampoco. ¿Deberíamos saberlo? Sí. La experiencia en otros países —donde los ciudadanos exigen autoridades a la altura de sus tragedias— demuestra que una ciudadanía exigente, informada y disciplinada en asuntos de protección civil es una sociedad inteligente que sabe sobrevivir y rescatar a sus vecinos atrapados en una tragedia semejante.

Estamos lejos de ser así. Nuestra máscara no da para tanto. El maquillaje se nos escurre con las lágrimas fruto del dolor que causa ser tan dejados y poco inteligentes. Piensen: se siente un terremoto y los chilangos qué hacen… toman su coche y salen a colapsar las calles, ¡¿por dónde fregados pasarán los servicios de emergencia?! Se derrumban los edificios… y los chilangos no sabemos cómo reaccionar.

Todos se asumen rescatistas y el caos reina durante las labores de búsqueda y rescate, sobra comida y faltan herramientas, sobran manos y faltan líderes. Me pregunto si los chilangos debemos saber todo esto o si serían los cuerpos especializados los que deban conocer de las labores de rescate. Solito me contesto: sí, debemos saberlo todos. ¿Son suficientes las herramientas tecnológicas de las que se vale el Sismológico Nacional para combatir con prevención las tragedias? ¿Es suficiente lo que se invierte en esto? Parece que no. Nadie se acuerda de cómo duele un temblor, hasta que vuelve a suceder.

Por eso cuando tiembla se caen las máscaras de nuestra clase gobernante. No hay máscara que resista la sacudida, y no hay político que burle la exhibición de su codicia. Nueve mil millones de pesos, presuntamente etiquetados para la reconstrucción en la CDMX, presuntamente secuestrados por algunas manos de la Asamblea Legislativa, según denunciaron Mauricio Merino, Katia D’Artigues y Ricardo Becerra, quienes integraban la Comisión para la Reconstrucción y que terminó en una comisión para descomposición. Hay quienes rumoran que esos miles de millones de pesos no serán para los damnificados, sino para que ciertos grupos políticos ganen las elecciones de este año. ¿Y la reconstrucción? Bien, gracias; tardará seis años, nos dicen en el gobierno chilango.

Algo malo ocurre cuando una alerta sísmica, antes de inspirar respeto, provoca risas: que si la alerta falló, que si se activó por error, que si no sonó, que si por qué no hay en mi colonia si aquí los temblores se sienten machín. Hoy suena una alarma que debe alertar a todos los chilangos: ¡despertemos, recordemos, exijamos y corrijamos este caos!

De nosotros depende que se prolonguen las réplicas por las transas. ¿En serio queremos más atole con el dedo como ese memorial del 19s para que los políticos se rindan homenaje a ellos mismos? Nos encanta gastar en mamadas, en lugar de invertir en cosas que sirven y de las que dependen tu vida y la mía.

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Artículo anteriorCrucigrama 20 de Febrero 2018
Con 15 años de kilometraje en medios, cree que el rigor de la ironía y la seriedad de la risa pueden hacer un periodismo original.