La delantera de Monreal

Cuando Ricardo Monreal se declaró a principios de junio de 2015 ganador en las elecciones a la delegación Cuauhtémoc, vecinos y analistas interpretaron la victoria como una nueva etapa en la política local. Significaba la pérdida del control de una delegación clave, dominada desde 2000 por René Bejarano, un castigo al PRD, desdibujado por el Pacto por México, y la pérdida de popularidad del jefe de Gobierno, el ascenso de Morena como fuerza dominante en la ciudad y, para el 2018, la posible candidatura de Monreal como jefe de Gobierno.

Una encuesta de El Financiero, publicada el día de hoy, confirma las predicciones: si las elecciones para jefe de Gobierno fueran hoy, Morena como partido y Monreal como candidato se llevarían la ciudad.

Le preguntaba a un vecino de esta demarcación por qué cree que la popularidad de Monreal se haya mantenido a esos niveles. No supo qué contestar. La sensación en este lado de la ciudad, es decir, desde la delegación Cuauhtémoc, y más específico, en la Roma Condesa, es que la administración de Monreal no es particularmente distinta a la de otros delegados.

Durante la campaña, los dirigentes de Morena prometían que sus gobiernos serían distintos a los del PRD. El propio Monreal sostuvo una serie de reuniones con los vecinos, repartía un folleto con su programa de gobierno y mantenía un diálogo franco sobre los principales problemas. Prometía, por ejemplo, solucionar rápidamente los temas de corrupción.

En septiembre, Pedro Pablo de Antuñano, el jefe de Gobierno de la delegación, fue detenido en un punto de revisión con 600 mil pesos; no pudo acreditar su propiedad y fue remitido al Ministerio Público. Renunció y el escándalo fue manejado con relativa prontitud. El episodio, sin embargo, nos recordó que las viejas redes de corrupción en la ciudad no cambian.

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A pesar de que también prometió resolver los asuntos sobre la inseguridad, cuando las cosas se pusieron más violentas en la colonia Condesa, declaró estar atado de manos y que el asunto era responsabilidad del jefe de Gobierno de la Ciudad de México.

La semana pasada sucedió la penosa visita de Monreal a la Tabacalera para retirar unos conos que resguardaban la filmación del director mexicano Alfonso Cuarón. Se suponía que Monreal aparecería firme, defendiendo la calle de una apropiación indebida, pero terminó bajo una luz más autoritaria, porque el equipo de filmación pudo mostrar los permisos que le había otorgado la ciudad y Monreal tuvo que pedir disculpas.

En cualquier caso, más que con los vecinos, a Monreal se le percibe cercano a los restauranteros y desarrolladores inmobiliarios. En las últimas elecciones de los comités vecinales, la delegación trató de cooptar los resultados por medio de los vendedores ambulantes.

En suma, no hay nada nuevo sino la misma política de siempre.