Mezquindad y periodismo militante

Los periodistas no se cuidan entre ellos. Muchos periodistas parecen ser más militantes que periodistas. Parecen defender más sus banderas políticas que la libertad de prensa y de expresión. Y no hay que ir lejos para darnos cuenta.

Hace unos días, dos periodistas fueron detenidos por pobladores de Nochixtlán, Oaxaca, quienes les demandaban que su medio, TV Azteca, dijera la verdad; la de los pobladores.

A Fernando Albarrán y Pedro Cortés los retuvieron y amenazaron, en exigencia de 15 minutos al aire para dar su versión de lo ocurrido el domingo en el enfrentamiento entre policías y la CNTE.

Es decir fueron secuestrados para modificar la línea editorial de un medio. Así de simple. Así de grave.

Y esto sucedió frente a un gran silencio, un silencio culposo de un gremio que hizo caso omiso, que no condenó las agresiones y el atentado a la libertad de prensa.

De otro periodista, este de El Sur del Istmo, a quien asesinaron a sangre fría –lo último que se supo de él fue que había registrado imágenes de vandalismo y saqueo de manifestantes–, algunos tardaron más de 48 horas en reconocer que había habido un asesinato. Silencio culposo de un gremio que reacciona a sus intereses, no a los valores de la prensa libre.

Y, para concluir la semana, las amenazas proferidas contra Héctor de Mauleón por su trabajo sobre el crimen organizado en la colonia Condesa tampoco fueron objeto de denuncia de quienes aseguran proteger la labor periodística. Silencio de Artículo 19, de las buenas conciencias. Silencio de los periodistas y opinadores de un lado porque han decidido que NO defienden a los periodistas del otro lado.

Ser periodista en México ya es suficientemente complicado como para sumarle la mezquindad de un gremio que ya no vela por sí mismo.

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Los periodistas deben decirlo claro y fuerte: sin importar la ubicación ideológica, la línea editorial, la opinión vertida, todos los ataques a la libertad deben ser condenados. Todos.

Resulta indispensable que el de los periodistas no se convierta en un gremio silenciado y culposo por una causa, una idea, un prejuicio o un candidato presidencia.

Urge que las ONG que luchan por la libertad no sean jueces de las líneas editoriales de los medios. Sean defensoras de los periodistas, de todos los periodistas, no sólo de los que les caen bien.

Sin excepción, todos los medios tienen derecho a decidir qué publican y cómo, de eso se trata la libertad de prensa; esto es parte de la pluralidad y el valor del periodismo.

Si el eco de un ataque depende del alineamiento ideológico de los periodistas y los espacios donde publican, no son defensores de la libertad sino militantes de una causa.

Todo ataque a periodistas es un ataque a la libertad de expresión; todo periodista debe ser respetado en su integridad y en el ejercicio de su trabajo; todos los reporteros y todos medios tienen derechos.

Nadie debe callarlos. Nadie. Y todos debemos gritar cuando están en riesgo. Todos.

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Sociólogo por la UNAM. Socialdemócrata en la vida y liberal la política pública. Fue político, comunicador y director adjunto de Proyecto 40.