¿Qué cambió el triunfo de Trump?

El triunfo de Donald Trump acabó con muchas ideas que desde ahora tendrán que ser revisadas. Por ejemplo, la capacidad de comprensión de las encuestas (ya de por sí cuestionadas) y la influencia de muchos de los medios y de los llamados líderes de opinión.

El respaldo de medios de comunicación y de artistas, intelectuales y periodistas a Hillary Clinton fue brutal. Incluso como no se había presentado antes. Y aún así el resultado fue el que ya todos conocemos, por eso resulta inevitable preguntarse qué peso real tienen hoy los periodistas y las figuras públicas en la actuación de la población, y cómo influyen ahora las redes sociales como canal de expresión y persuasión.

Pero la pregunta más importante es si el triunfo de Trump representa una ruptura con el modelo que entiende al mundo como un gran mercado en el que las inversiones —y al menos parte de los empleos— pueden viajar a donde encuentren mejores condiciones sin importar las consecuencias sociales y políticas. ¿La victoria de Trump marcará una nueva época caracterizada por el proteccionismo y los límites al libre mercado? ¿Es en ese sentido el segundo triunfo del nacionalismo sobre la globalización después de la derrota del Brexit en el Reino Unido?

LEE LA COLUMNA ANTERIOR DE MARIO CAMPOS: DONALD TRUMP YA GANÓ

Y si es así y los electores hoy están apostando por la ilusión de gobiernos más cercanos, ¿podrá impulsar Trump una política distinta con un congreso de mayoría republicana pero con una visión diferente del mundo?, ¿será capaz de producir una política nueva aun en contra de los poderes fácticos que hoy rigen en buena medida la economía del planeta?

Si esto es así estamos ante uno de los cambios más importantes en las últimas cuatro décadas y ante un replanteamiento de las relaciones entre gobiernos, mercados y sociedad.

Parece muy difícil creer que así sea y ya hay quien señala que nadie, ni siquiera el Presidente de los Estados Unidos, puede hacer un cambio de sentido de esa naturaleza pero si algo ha quedado en claro con Donald Trump —y con la realidad— es que ya nadie puede y debe cometer el error de subestimarlo.