El suicidio del presidente y su partido

El presidente Enrique Peña Nieto está decidido a terminar con los pocos puntos de aprobación que le quedaban a su gobierno y  no hay nadie que pueda detenerlo.

Con la corrupción impune, la violencia creciente y en medio de un gran desprestigio, el gobierno optó por darse un tiro en el pie al manejar de la peor forma posible el reciente aumento a las gasolinas. Un incremento que antes su partido usó como una bandera política y que ahora fue comunicado sin ninguna estrategia que pudiera mitigar sus previsibles efectos negativos en la economía y en la opinión pública.

Porque hasta este momento, todos hemos visto el aumento pero nadie puede hablar de los beneficios. Si bien el gobierno ha insistido una y otra vez en que el subsidio a las gasolinas implicaba una sangría al presupuesto, no ha sido capaz de señalar qué institución o grupo social se beneficiará de ese cambio de recursos.

Esta decisión se produce además en un contexto con un peso devaluado —cada vez más cerca de los 22 por dólar—, una contracción del gasto público y privado, y un ambiente internacional hostil por la llegada de Donald Trump a la presidencia de EUA que ha mostrado que su retórica antimexicana seguirá y tendrá efectos concretos en las inversiones en el país, como dejó en claro la empresa Ford que esta semana canceló proyectos que ya había anunciado.

Es decir que a las variables externas negativas que de forma natural no puede controlar el gobierno, de manera voluntaria decide sumar malas decisiones que abonan al escenario de crisis que ya marca el 2017 desde sus primeros días.

¿Cómo entender esta lógica política? ¿A qué cálculo responde en un año con tres elecciones para gobernador, una de ellas en el Estado de México, clave para el 2018?

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Pareciera que el gobierno del presidente Peña está decidido a sacar al PRI de Los Pinos y hacer presidente a López Obrador, sin duda el principal beneficiario del caos y la crisis. Todo indica que el Presidente ya acabó su ciclo. Que en los hechos no hará nada para darle la vuelta a la caída. No combatirá la corrupción, no escuchará a los diversos grupos de la sociedad, no responderá al nuevo desafío internacional. El Presidente ya terminó.

¿Y cuál será la reacción del PRI? Ninguna, porque fiel a su tradición solo sabe responder cuando desde Los Pinos se lo indican. Hoy los ciudadanos asistimos al suicidio político del presidente y su partido.

Y la peor parte de esta historia es que el resto del país también pagará los costos de esa decisión.