BUSCANDO UN TEMA

Hay semanas en las que escribir una columna se convierte en una complicada tarea sin salida. Varios temas te jalonean, muchas causas te hacen guiño, pero ahora me siento confundida.

Conmovida por lo ocurrido en Orlando escribo un primer borrador sobre los odios que nos habitan, las pequeñas masacres cotidianas, la necesidad de amor como antídoto para dejar de matarnos. Al instante lo borro. ¿Tengo algo nuevo para decir?

Buscando inspiración repaso mentalmente mi entorno. Un tema recurrente se presenta: la gentrificación; es un hecho, esta semana a mi vecino el florero y a la estilista les pidieron que desocuparan su local, y yo también recibí un ultimátum de mi casera. Pero cuando lo comienzo a esculpir en el teclado siento que este no es asunto para ser ventilado justo esta semana.

Busco ideas en Facebook pero de pronto me encuentro con guetos de causas compartimentadas. Los amigos, los convencidos, que hacen sus clubs de opinión y promoción de las mismas causas que ya apoyan, y de linchamiento al que piensa distinto que –obvio- está excluido del grupo por molesto.

Abro Twitter que es más dinámico y su mar lleva tanta variedad de temas que me dejo llevar hasta que descubro que de un tema salté a otro y a otro que desembocaron en playas desconocidas. Pronto me encuentro con una de esas peleas a navajazos virtuales en la que entre muchos se despelucan, los insultos son gratuitos, y termino huyendo por la salida de emergencia de esa Torre de Babel.

LEE LA COLUMNA ANTERIOR DE MARCELA TURATI: EL SABROSO VOTO DE CASTIGO

Reviso las peticiones de firma de causas que recibo a diario. Son tantas que abruman. Apoyo sin pensar la exigencia del cese la tala clandestina en la Sierra Tarahumara, las exigencias de mejoras para los periodistas, pero me siento descomprometida cuando miro de reojo y borro otras que no me entusiasman.

Recurro entonces a la lista que armo cada semana en cuanto descubro temas que hacen nido en mi mente. Pero esta vez ninguno sobresale: ninguno me habitó toda la semana hasta irle poniendo cimientos, ni me lo planteé en interminables monólogos, ni terminé discutiendo con amigos antes de darle forma de escrito.

Noto que varios temas con los que me entusiasmé perdieron personalidad a lo largo de la semana. Pasó su temporada, como la fruta que, por más que la saborees, si intentas comértela para el miércoles ya está podrida. Eso ocurrió con lo que pensaba sobre el caso de Pulido y las carreteras de Tamaulipas donde miles desaparecen, y que cuando abrí la computadora ya había pasado de moda.

Otras ideas me hipnotizaron para que las siguiera, pero cuando quise escribirlas sentí que su consistencia era de piedra. O no pude perderles el respeto: no me sentí preparada para abordarlas.

De pronto veo que ya excedí el número de palabras que debía entregar y llegó la hora del cierre de este escrito donde el tema se convirtió en la columna.

Compartir
Artículo anteriorDespertar tapatío del sueño americano
Artículo siguienteGobierno gandalla
Fundadora de la Red Periodistas de a Pie. Colaboradora en la revista Proceso. Autora de "Fuego Cruzado: las víctimas atrapadas en la guerra del narco". Ganadora de varios premios internacionales entre los que destaca el Premio de Excelencia de la FNPI, Premio Wola de Derechos Humanos y Premio a la conciencia e integridad en el periodismo de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard.