¿Adiós al jerarca de la Compañía Nacional de Teatro?

CIUDAD DE MÉXICO, 24AGOSTO2016.- El dramaturgo Luis de Tavira participó en el homenaje al escenógrafo mexicano Alejandro Luna Ledesma, quien recibió la medalla "Cátedra Ingmar Bergman" de la UNAM, por su trayectora en cine y teatro. FOTO: ISAAC ESQUIVEL /CUARTOSCURO.COM

La noticia fue tan inesperada como celebrada: tras ocho años al frente, Luis de Tavira dejó la dirección de la Compañía Nacional de Teatro (CNT), quizá no tanto por deseo o —juguemos a la ingenuidad— por un ejercicio de autocrítica, sino porque ya había cumplido el período máximo para ocupar el cargo.

Desde su reestructuración en 2008, esta agrupación ha sido objeto de innumerables críticas por parte de la comunidad teatral: nepotismo, tráfico de influencias y falta de claridad en el manejo del presupuesto han sido las principales. Ninguna de ellas ha sido gratuita. Como ejemplo —y por poner sólo uno de los mayores— está el escándalo del 2010, cuando un grupo de teatristas acusó que al menos siete personas emparentadas con Tavira habían colaborado con la compañía en el montaje Entre guerras: Julián como “asesor artístico” y Pedro como musicalizador (ambos sus hijos), Natalia Beristáin Egurrola en la dirección —quien no sólo es hija de dos actores de la compañía, Julieta Egurrola y Arturo Beristáin, sino que es media hermana de Pedro de Tavira Egurrola, porque la actriz fue esposa del ahora exdirector artístico de la CNT—, entre otras personas como Stefanie Weiss o Rosa María Bianchi.

Los números compartidos sobre su gestión tampoco son favorables. El comunicado refiere que en ocho años, la CNT realizó 59 obras que dieron un total de 2,396 funciones para 389,664 espectadores. Al respecto, Rodolfo Obregón, investigador y director teatral, comentó: “De ser ciertos los números, el promedio por función sería de 162 espectadores. ¿Es eso lo que se espera de un Teatro Nacional?”. Yo añadiría: ¿Es ése el número de espectadores que se esperan para un presupuesto anual millonario? La cuestión ahora es quién asumirá la dirección y, sobre todo, si esa nueva dirección implicará un cambio en un modelo que a todas luces ha fracasado.