Medicina vintage

El Palacio de la Antigua Escuela de Medicina de la UNAM es muy conocido por su arquitectura y porque aquí se encuentra el Museo de la Tortura y Pena Capital, imán de morbosos. Se suele pasar por alto las salas del edificio principal, dedicadas a la historia de la medicina en México. Aparte de interesantes, son como de película de terror viejita.

La construcción tiene su propia historia excéntrica: fue creada en el siglo XVIII para ser el Palacio de la Inquisición. Luego fue edificio de oficinas, escuela primaria y cuartel militar (solo le faltó ser panteón para cumplir con los requisitos básicos de inmueble embrujado). A mediados del siglo XIX, lo adquirió la UNAM y aquí se formaron médicos hasta los 50, cuando se mudaron a CU. Y en 1980 lo reabrieron como museo.

Además de microscopios, hierbas, documentos, instrumental, consultorios y laboratorios antiguos, se puede ver uno que otro humano. Por ejemplo, el recorrido empieza por una sala de embriología. No, acá no hay fetos de dos cabezas, puros ejemplares como salidos de la monografía. Lo que sí es escalofriante es ver el instrumental para partos difíciles. En otra sala hay un cadáver conservado en técnica de carbowax, con algunas disecciones que permiten ver los órganos internos.

Una de las colecciones más impactantes del recinto es la de modelos de cera del siglo XIX, fabricadas en el taller de Vasseur, en París. Estas piezas representan de forma realista partes del cuerpo con afecciones dermatológicas, y eran muy útiles para quienes estudiaban medicina. Hoy son más bien material de pesadillas, porque replican de manera realista las peores roñas, pústulas y sarpullidos que uno puede padecer.

La sala de cirugía plástica y reconstructiva documenta, a través de fotografías, casos de malformación congénita muy aparatosa y la forma en que fueron resueltos. A pesar de la bidimensionalidad de la muestra, es de las más impresionantes.

El Museo Palacio de la Antigua Escuela de Medicina de la UNAM está en la esquina de República de Venezuela y República de Brasil. Abre de lunes a domingo de 9 a 18 horas. La entrada es gratis, solo tienes que dejar una identificación.

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Estudió Comunicación en la UNAM, pero en realidad aprendió a escribir en los chat rooms noventeros y luego en los blogs. Es tan fan de la Ciudad de México que tiene el mapa del Metro tatuado en el brazo.