Chumel Torres, el norteño que rompió el internet y llegó a la tele

Chumel Torres ya no sólo es youtubero: ahora sale en la tele. ¿Cómo llegó ahí? esta es la historia del norteño que llegó al D.F. con una maleta llena de internet

 

La primera vez que Chumel Torres visitó la Ciudad de México fue por el rock. En el 2000 él era un imberbe estudiante chihuahuense de Ingeniería, apenas con edad para comprar una chela legalmente. Therion ­—la banda sueca de metal sinfónico— iba a dar un concierto en el Teatro Ferrocarrilero y él no se lo podía perder. “Literal, me metí la cartera en los huevos y puse cambio extra en el calcetín, con toda la paranoia”, cuenta. “Me acuerdo cuando vi el Ángel por primera vez, lo vi de espaldas y dije ‘Alaverga… ¡es de oro esta madre!’. Le hablé a mi papá, le dije ‘Esto está más verga que Nueva York’”. Fue amor a primera vista.

Después del concierto, dice Chumel que “había un güey con una capa hecha de lobos de mentiras. Como Jon Snow, pero de uno veinte. Me acuerdo que le pisé la capa y medio lo ahorqué, y pensé ‘Me va a matar. Aquí todos traen cuchillos’. Le dije ‘Por favor perdóname, por lo que más quieras, perdóname’. Y él: ‘No hay pedo carnal’”.

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Con la misma benevolencia de aquel metalero capeado, la Ciudad de México ha tratado a Chumel Torres desde que se vino a vivir para acá, hace cuatro años. De trabajar en una maquila de instrumental médico en su natal Chihuahua, en el extinto D.F. fue director de un periódico digital y columnista de ADN político. Luego arrancó su propio proyecto: El Pulso de la República, un canal de YouTube que toma la información noticiosa de la semana para hacer comedia. El show —influenciado por figuras como John Oliver, Stephen Colbert o Jon Stewart— ha sido tan exitoso que, a la fecha, tiene más de un millón seiscientos mil suscriptores. Chums dice que es un show que necesitaba existir, que él necesitaba ver y, en vez de esperar a que alguien lo produjera, lo hizo él mismo.

Después de casi cuatro años, HBO le dio un programa en la misma línea: Chumel con Chumel Torres. Aunque él siempre ha dicho que no es periodista y que nunca lo será, ahora tiene a un equipo de reporteros picudísimos que corrobora cada línea y realiza investigaciones exclusivas. “Tenemos un megáfono y ese megáfono sirve para hacer comedia y después… comedia”. Eso sí, con un guión factchequeadísimo.

Una de las bromas recurrentes de El Pulso —que sigue: #ChumelxHBO no lo sustituyó— es parodiar a los fans-haters (la línea es muy delgada) que le reclaman “¡Pinche Chumel vendidooooo!”. El chiste funciona porque Chumi jura sobre su MacBook Air que nunca ha recibido dinero mal habido que determine su línea editorial. “Cuando me ofrecieron lo de HBO, también me buscaron para un late night en Televisa, prime time, en el 2. Lana loca. Imagínate qué significa eso para alguien de Chihuahua, ingeniero, de 34 años. Pero ahí dices ‘No sé, ¿a qué precio?’. Porque cuando salga yo en esa madre, a mi bebé, El Pulso de la República, le voy a meter un cuchillo en la espalda”. En este canal de paga, Chumel tiene absoluta libertad y se puede meter con quien le dé la gana. Como en internet.

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A Chumel le intriga y le choca que los medios tradicionales mexicanos no lo hayan pelado gran cosa antes de HBO. Dice que la única entrevista en un periódico mexicano se la habíamos hecho nosotros, en Máspormás, mientras salían notas sobre El Pulso en Al Jazeera, BBC, The Guardian o el Miami Herald. “Somos una empresa de güeyes foráneos, de 30 años. Que ninguno estudió comunicación, estamos haciendo una producción que le da en su madre a canales de tele enteros… y ni una palabra se ha mencionado. No lo digo sólo por nosotros: me sorprende que no haya un artículo de Yuya que la ponga como una emprendedora de menos de 30 años que es millonaria, es para que esté en portada Forbes, en Expansión… ¿y a quién trae Expansión? ¡A pinche Thalía!”.

¿Pero quién necesita a los medios “a la antigüita” en 2016? “Yo me considero el antiejemplo: empecé a los 30 años pero demostré que se puede salir de YouTube al canal número uno del planeta”.

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Todo esto no hubiera sido posible –o bueno, sí, pero mucho más difícil– allá en el norte. En el nunca más D.F., Chumel encontró las condiciones y al equipo de colaboradores que le han permitido catapultar su carrera mediática. Y lo que más le gusta de la Ciudad de México es que aún lo deja estupefacto. “Todavía me siento de Chihuahua. Todavía me pierdo, todavía me queda grande. No quiero que se oiga cliché, pero me gusta tener la capacidad de asombro. Me sorprende ver chilangos cool y los restaurantes elegantes, y si voy a la UNAM me cago”. Y así como no se deja de maravillar por su ciudad adoptiva, no quiere “creérsela” por tener un programa en el mismo canal que hace Game of Thrones. “Algo dentro de mí dice ‘No te acostumbres a la tele, no te acostumbres a la cámara. No pierdas al ranchero'”.506

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Estudió Comunicación en la UNAM, pero en realidad aprendió a escribir en los chat rooms noventeros y luego en los blogs. Es tan fan de la Ciudad de México que tiene el mapa del Metro tatuado en el brazo.