Columna: El ángel ahí va a seguir

DISTRITO FEDERAL, MEXICO - DICIEMBRE 14: Antonio Mohamed, Director Tecnico del America y Emilio Azcarraga, durante el juego de la Final de Vuelta del Torneo Apertura 2014 de la Liga Bancomer MX en el Estadio Azteca en el Distrito Federal, Mexico el 14 de Diciembre de 2014. (Foto: Manuel Velasquez/JAM MEDIA)

Imagínense un maratón en el que a los primeros ocho corredores en llegar les dicen que tienen que volver a correr otros diez kilómetros para ver si de nuevo llega en primer lugar el mismo pelado. Eso exactamente es lo que ocurre con la susodicha Liguilla del Futbol Mexicano. Un atentado cínico contra la más básica competencia deportiva. Sólo en México.

Es un hecho que la eliminación directa a visita recíproca nos procura juegos más emocionantes y que la final del torneo pasado fue memorable, pero entendamos que este formato conmemora a la mediocridad y reparte campeonatos a lo tarado y al equipo que juega bien un mes. Es, en una palabra, una injusticia. Una injusticia bianual propia de aficionados chafas, esos que en vez de ver la belleza épica del juego nomás están esperando a qué Carlitos meta gol.

Me imagino que los dirigentes de nuestra Liga ven a los torneos de futbol europeo como otro deporte. Algo inalcanzable que ocurre a la distancia y, oh, fortuna, entre el bife de chorizo y el mal del puerco. Estamos a años luz del futbol de semidioses que se juega en otros lados del mundo. ¿No quedó claro el mensaje de desigualdad deportiva a domicilio que impuso Alemania en Brasil? ¿Por qué dejar que la chiripa nos dirija? Desorganizados y dando vuelcos, estamos extraviados en un mundo futbolístico de inicios de siglo que ya no cabe en nuestro vasito tequilero.

Dudo que un texto de estas características me catapulte a un puesto de toma de decisiones en la FEMEXFUT pero, de ser así, lo primero que haría sería eliminar los torneos cortos. Sólo habrá un campeón al año y será el que coseche más puntos. Desciende el último de la tabla. Y como ya ando encarrilado en este humilde ejercicio de imaginación: ¡el empate a ceros no suma puntos!

Me temo que sólo construyendo un torneo justo, sensato y paciente podremos aspirar a ulteriores glorias deportivas nacionales.

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Defeño, del Barrio Bravo de Tepito. Autor de los libros de cuentos "Niños tristes" (Premio Maria Luisa Puga 2010), "Perros sin nombre" (Premio Bellas Artes de Cuento San Luis Potosí 2012) y "¡Canta, herida!" (Premio Nacional de Cuento Agustín Yáñez 2015). Además de las novelas "Balas en los ojos", "El siglo de las mujeres" y "Hipsterboy".