El Cristo del puente peatonal

Una mañana hace trece años, en un tramo de la Calzada Ermita Iztapalapa que era complicadísimo cruzar a pie, se hizo el milagro. Apareció un puente peatonal. Pero no uno cualquiera: aparte de tener rampas y conectar el edificio delegacional con la iglesia (¿casualidad?), este paso elevado incluía un Cristo de diez metros de altura.

A partir de entonces, la figura fue conocida como “El Cristo del puente peatonal”. Su nombre oficial es Cristo, entre la vida y la muerte y su creador es el artista iztapalapense Pancho Cárdenas –también autor del Juan Pablo II que está en la Catedral Metropolitana, el cual fue elaborado a partir de llaves que donó la gente–.

Resulta que, en 2003, un funcionario de la delegación viajó a la ciudad de Filadelfia, donde vio esculturas en puentes peatonales y se le hizo una idea padrísima. Le comisionó a Pancho una escultura monumental de Cristo, para montarla el 17 de abril: Jueves Santo. El problema es que sólo faltaban 10 días para esa fecha.

Pancho y su equipo trabajaron sin parar, mañana, tarde y noche, y lograron terminar la escultura a tiempo, el jueves en la tarde. Llegó la grúa para llevárselo al recién construido puente peatonal… que había sido levantado sin considerar que llevaría un “adornito” de ese tamaño. Cuando colocaron al Cristo, creían que tanto la escultura como el puente se iban a romper, pero no, ambos tenían buena estructura. La instalación fue tan accidentada que hasta hubo una aparatosa descarga eléctrica por unos cables del trolebús que se cayeron. Ahí los mirones salieron corriendo y luego los abuchearon.

Total que el Viernes Santo amaneció el Cristo para recibir al millón y pico de visitantes que iban a presenciar la puesta en escena de La Pasión. A partir de ese día, la escultura se convirtió en punto de referencia y símbolo para la comunidad. A un par de cuadras hay una funeraria, y del otro lado de la avenida está el panteón. A Pancho le ha tocado ver cómo los cortejos fúnebres cruzan por el puente, se paran debajo del Cristo, lo tocan y se persignan. Dice que eso, para él, es la mayor satisfacción posible.

 

Foto: Lulú Urdapilleta

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Estudió Comunicación en la UNAM, pero en realidad aprendió a escribir en los chat rooms noventeros y luego en los blogs. Es tan fan de la Ciudad de México que tiene el mapa del Metro tatuado en el brazo.