‘El precio de la historia’ al estilo chilango

Relojes, fonógrafos, gramófonos, teléfonos, sinfonolas y pianolas habitan en sus instalaciones; se mudará en junio a una casa del siglo XIX.

Unos mil 200 objetos de la Edad Media al siglo XX, mecánicos y eléctricos, habitan en el Museo del Tiempo que celebra siete años ofreciendo al público un asombroso recorrido interactivo, didáctico y educativo a través de sus instalaciones.

Relojes, fonógrafos, gramófonos, teléfonos, sinfonolas, pianolas, victrolas, cajas de música, televisores, radios, muebles y máquinas de escribir, entre otros aparatos, ocupan las habitaciones de una casa pequeña de dos niveles, en colores anaranjado y gris que invita a visitarla mediante el sonido de varios tictac y campanadas.

A la vista, el Museo del Tiempo pasa casi inadvertido, pues no existe un letrero grande que lo anuncie y la puerta de acceso, cuyo timbre es una campana, es tan pequeña que apenas se distingue el asombroso universo que hay dentro y que observa la vida a través de dos ventanas.

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Basta con ingresar por primera vez para no querer salir, pues el viaje al pasado revisa la historia de la música, de la imagen, de la escritura y del tiempo que se mide con un reloj, pero que nunca se detiene. Todos los artefactos, incluso aquellos de hace 300 años, funcionan en su totalidad.

El Museo del Tiempo abrió en el año 2000 siendo una relojería de venta, mantenimiento, restauración y reparación de objetos, pero nueve años después se erigió también como museo ante la petición de los clientes que solicitaban a su dueño una explicación y exhibición de cada uno de los aparatos.

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Hace 15 años, Markus Frehner inició la colección. Muchas piezas inglesas, americanas, francesas, suizas y alemanas las compró en subastas de Europa, Estados Unidos y Canadá.

De entre lo más atractivo para la gente está aquello que no tiene precio como la juke-box, también conocida como rockola, sinfonola, gramola o tragamonedas de 1938 que reproduce música.

El máximo precio que Markus Frehner ha llegado a pagar por algo que posee, es a cambio de una credenza de 1926 de Victor Victrola que en su época llegó a costar hasta un lote de terreno, según el tipo de acabado en su modelo.

“La que tenemos aquí, costaba 350 dólares. Es de caoba macizo y no cualquiera tenía una”, explica mientras la hace tocar, a todo volumen un disco de 78 revoluciones con el “West end blues”, de Joe (King) Oliver), grabado en 1928.

Markhus ha sido cauteloso en formar su colección, pues nunca se ha quedado endeudado por adquirir una pieza, salvo que recién vendió su camioneta para acondicionar las instalaciones del nuevo museo.

Él es originario de Suiza, pero vive en México desde 1993. Llegó para aprender a hablar el idioma español y le gustó tanto el país que decidió radicar en él y aquí nacieron sus hijos.

museo del tiempo

Junto con su equipo de trabajo, él mismo le da mantenimiento a cada uno de los aparatos y tiene mayor cuidado en aquellos relojes del siglo XVIII. No existen refacciones en México, ellos mismos construyen algunas, pues asegura que prácticamente el negocio de la reparación y restauración de relojes, ha muerto.

Lo que sí le gusta presumir es que relojes, radios y gramófonos vistieron algunas de las escenas de la película “Bandidas” que en 2006 protagonizaron Penélope Cruz y Salma Hayek, bajo la dirección de Joachim Roenning y Espen Sandberg.

“Aquí estuvo Luc Besson para escoger todo lo que necesitaba y se lo rentamos”, respondió mientras se escuchaban las campanadas de uno de los relojes de dos metros y el constante tictac en toda la sala, mismo que ya es imperceptible para él, no así el tiempo.

“¿Quieren ver un reloj de verdad?”, pregunta. Aquí está uno de 1705 y todavía sirve, escúchenlo y disfrútenlo. Fue hecho por el relojero de Ana Bolena, la primera reina de Inglaterra, aquella que fue decapitada acusada por traición”, señala a la par de observar lo siguiente que con orgullo mostrará.

A partir del 15 de junio, el Museo del Tiempo se trasladará a la Plaza de la Constitución número 7, enfrente del Jurídico de la delegación de Tlalpan. La mayoría de los objetos se transportarán uno a uno a pie a fin de no dañar su estructura.

Por lo pronto, continúa con sus puertas abiertas de lunes a sábado en diversos horarios. El máximo número de personas que se pueden recibir son en grupo de 10 y con previa cita.

Dónde: Congreso 22,Colonia Centro, Tlalpan

Costo: adulto 30 pesos y 20 por niño

(Fotos: Museo del Tiemp0)