La Ribot: Bailarina, coreógrafa y performer

Foto: Lulú Urdapilleta
Llega a México “Take a Seat”, muestra que incluye siete piezas en video, videoinstalación, instalación y performance que realizó la artista entre 2001 y 2018

Retadora y lúcida, considerada como una de las artistas más relevantes del presente, galardonada con el Premio Nacional de Danza en 2000 y la Medalla de Oro al Mérito en las Bellas Artes, otorgados por el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte de España, La Ribot nos habló sobre su muestra “Take a Seat”, en exhibición en el Centro Cultural de España (Guatemala 18, Centro Histórico) hasta el 14 de octubre.

Eres una artista multidisciplinaria con una iniciación en la danza, ¿a qué obedeció esa exploración creativa?

Me parecía que necesitaba empezar por la danza, pero nunca pensé en ninguna disciplina como el final de algo; creo que éstas son siempre abiertas, aunque se cierren económicamente en las instituciones y en los órdenes sociales, pero nunca en las artes por sí mismas. Los artistas somos más indisciplinados.

La danza fue un territorio de búsqueda que creció casi orgánicamente. En casi todos los aspectos la sigo haciendo, pero de una forma subjetiva. En los videos, por ejemplo, hay una implicación física, una relación con el espacio, el tiempo y el ritmo.

Sí, para mí todo eso podría ser un cuestionamiento de la danza.

¿Consideras que el performance está emparejada con los rituales primigenios?

El performance es el nombre que se le dio a las implicaciones del cuerpo en las artes visuales y plásticas de los artistas que estudiaban Bellas Artes en Francia y Alemania a principio de siglo; con la música, los coreógrafos y los bailarines tuvieron la necesidad de usar el cuerpo, pero esa parte ritual y primigenia que mencionas nos remonta al origen del teatro y la danza. Es lo que las artes vivas implican. No tengo fronteras entre el performance, el teatro y la danza.

¿Qué buscas al crear una atmósfera?

Cada pieza pertenece a un proyecto o una idea, pero quizá me tengo que ir de nuevo a la noción del arte vivo. A mí me interesa lo que está ocurriendo, el misterio del Teatro. Todos lo videos, salvo Film Noir, pertenecen a una investigación. Me inquietaba saber qué tan cerca podría trabajar con el video como arte vivo. Entonces, todo es plano secuencia; filmo eso que ha ocurrido en un momento que fue, la cámara está muy cerca del cuerpo, entre lo objetivo y lo subjetivo, y la grabación no se corta, no tiene ediciones. Los videos responden a esa idea, a ese cuerpo operador que está mostrándonos el sentimiento y la experiencia de danzar en los espacios. Es lo más que puedo acercarme a lo vivo.

Hay una paradoja: buscas lo vivo, pero lo haces a través del fantasma del video, ¿te refieres a lo vivo del momento?

Sí, es contradictorio, puesto que es un material reproductible. Además, no siempre es el único momento vivo, sino el que estuvo lo más cerca posible de mi objetivo: el plano secuencia que me pareció mejor. Mucha gente dice que la performance no se planea, pero yo no lo creo. Yo ensayo y ordeno, y empiezo a hacer pases y pases hasta que llega el momento en que algo empieza a ser comprensible. Quiero decir, en otras palabras, que cualquier cosa escénica se planifica.

¿Tu producción audiovisual está relacionada de alguna forma con los orígenes del cine independiente en Estados Unidos?

Sí. Me interesa todo ese mundo donde la cámara es lo que más se parece al cuerpo. Me maravilla que la cámara no sea como una máquina, sino como una mirada total y subjetiva, (en el sentido en que está mirando de cerca, muy íntima y humana).

¿Cuál es la esencia de “Take a Seat”?

Las sillas. Son importantísimas en mi vida porque las he usado durante 30 años. En un principio, Walk the Chair tenía como fin que el espectador mirara las piezas de otros artistas y se volviera activo intelectualmente. Luego presenté Walk the Bastards, integrada por las sillas que eran hijas de aquéllas. Si bien, ésta era una historia de inclusión, las sillas funcionaban igual que las otras, puesto que servían para que el público interactuara. Aquí he traído seis modelos independientes.

Si la realidad se construye a través del lenguaje, ¿qué pasa, por ejemplo, con la danza?

Tengo una teoría. Según yo, la concentración es algo fantástico porque el cerebro funciona a cinco niveles: el primer cerebro, el fisiológico, escucha y mira; el segundo, el sensorial, se concentra en lo que está pasando; el tercero, la conciencia colectiva, es el contacto con compañeros y espectadores; el cuarto, el técnico, es lo que tienes que hacer (la coreografía) y el quinto, el inconsciente, es decir, la imaginación y los fantasmas necesarios para estar ahí.

Dato curioso

A pesar de su trayectoria multidisciplinaria, La Ribot ve su búsqueda creativa como una variación de la danza.

Declaración

“Me interesa todo ese mundo donde la cámara es lo que más se parece al cuerpo. Me maravilla que la cámara no sea como una máquina, sino como una mirada total y subjetiva”.