Leyenda chilanga: El callejón de la danza

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Cuando cae la noche los vecinos del Callejón de la danza en el Centro Histórico procuran no pasar cerca, porque dicen que ahí espantan.

Cuando cae la noche los vecinos del Callejón de la danza en el Centro Histórico procuran no pasar cerca, porque dicen que ahí espantan. 

Se cuenta que entre las calles de República de Uruguay y El Salvador está el temido Callejón de la danza, también conocido como el de los Nahuales.

Algunas leyendas cuentan que en la época de la Nueva España, en ese lugar se reunían brujos nahuales para invocar al diablo. Se juntaban alrededor de una hoguera para realizar sus bailes y cantos infernales.

Todas las noches, cuando esto ocurría, los vecinos aterrados de miedo evitaban salir y atrancaban su puerta con lo que tenían a la mano, una silla o una mesa, cualquier cosa era buena con tal de estar muy lejos de esos ritos.

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Ninguna precaución era suficiente, ya que esos seres entraban a las casas para robar niños y mujeres, sin ningún tipo de piedad. Ante ello, los familiares de las víctimas acudían a pedir ayuda a las autoridades, pero en ese entonces la justicia no estaba hecha para los indígenas, o al menos eso es lo que se cuenta.

Los rumores de estas practicas corrieron  hasta oídos de Simón de Esnaurrízar, miembro del cuerpo de arcabuceros del virrey, quien cierta noche decidió conocer el paradero de esos seres que causaban tanto temor a las personas, pero antes de irse, se echó un trago para agarrar valor.

Envalentonado, tomó sus pistolas y caminó con mucho cuidado, a lo lejos escuchaba unos aterradores cantos, lo que indicaba que estaba cerca de aquel lugar, al llegar ahí no podía creer lo que sus ojos miraban. En medio del callejón se encontraban hombres y mujeres desnudos bailado, riendo a carcajadas y cantando alrededor de una fogata.

Sin pensarlo, aquel valiente joven interrumpió el aquelarre, primero sorprendió a uno de los seres con un golpe, a otro le dio un tiro y así siguió; más tarde unos soldados llegaron hasta el lugar, escucharon los gritos del joven Simón de Esnaurrízar, quien contaba con una cuantiosa fortuna y protección por parte de las autoridades.

Los vecinos sorprendidos por no seguir escuchando los gritos desgarradores, salieron a las calles para saber qué pasaba, al ver el relajo y que por fin teníaa sometidos a aquellos seres que tanto terror les habían causado, no lo pensaron dos veces y se unieron a la trifulca; para así agarrar a los supuestos brujos, quienes ingresaron al calabozo del Santo Oficio.

También se registraron las casas que habitaban estos seres que se creía eran nahuales, ahí encontraron en condiciones poco humanas a las mujeres y a los niños que habían raptado, además se dice que usaban a los pequeños para pedir limosna en las plazas.

Actualmente los vecinos del lugar comentan que procuran no pasar de noche por esa zona, porque cuando lo han llegado a hacer, han sido sorprendidos por gritos y cantos que aseguran no son de este mundo.