Lo que no debería faltar en las bodas chilangas

Si hay una temporada en la que todo el mundo se casa, eso sucede en octubre, el mes de los casorios. Aprovechamos para sugerir algunos ajustes a la típica boda chilanga

Dresscode

Uno va o demasiado elegante o demasiado fachoso; a los hombres les da calor con el saco y las chicas se mueren de frío con el vestido. ¿Podríamos ir en pijama? ¿O con disfraz de superhéroes?

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Regalos

Queridos novios, no puede ser que en su mesa de regalos no haya una mantequillera de plata con incrustaciones de diamante. Ya mejor les llevamos un sobre amarillo con dinero.

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La locación

Basta de casarse en jardines donde se hunden los tacones en el pasto y en el baño hay un lodazal. ¿Por qué no rentan un salón de fiestas infantiles y nos aventamos a la alberca de pelotas?

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La ceremonia

Tanto los jueces que leen la Epístola de Melchor Ocampo como los clérigos que agarran los pasajes más mochos y machistas de la Biblia deberían ser sancionados por el Conapred. Basta.

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El primer baile

Como es aburridón ver a dos personas bailar lento, los invitados no saben si fingir interés y sonreír o ponerse a mirar su celular y ver si ya puso la marrana en Facebook.

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La comida

Casi nunca hay opción vegetariana, como en los aviones. Reparten los postres aleatoriamente y siempre te toca el más gacho. Estaríamos mejor con un puesto de tacos de guisado.

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Aventar el ramo

Está chido casarse, pero es 2016: ya no es prioridad para nadie y pelearse por el ramo o por la liga pasó de moda. Para no sacrificar el ritual competitivo, proponemos cambiarlo por una piñata.

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El recuerdito

Los adornitos terminan arrumbados, los vasos se descarapelan, las toallas bordadas se vuelven trapos para limpiar. Si quieren que los invitados recuerden su amor, regalen un cargador de iPhone.

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Estudió Comunicación en la UNAM, pero en realidad aprendió a escribir en los chat rooms noventeros y luego en los blogs. Es tan fan de la Ciudad de México que tiene el mapa del Metro tatuado en el brazo.