Un molito de San Pedro

Ir a San Pedro Atocpan a comer mole es una decisión importante, por lo menos para alguien que vive en el centro de la ciudad. Si sales temprano, te harás dos horas en coche o tres en transporte público. Ah, pero estoy hablando de horas tráfico. Hay dos caminos para subir a los pueblos de Milpa Alta y uno de ellos está cerrado porque aún no se remedian los daños que sufrió San Gregorio Atlapulco en el 19S; entonces, una carretera de ida y vuelta es el camino y existe un 90 por ciento de probabilidad de que te toque ir detrás de un microbús que anda lento, lentísimo.

Hay tramos bonitos, boscosos, de aire fresco. Otros son obstruidos por alguna procesión al panteón o la iglesia. Ni preguntes, espera.

Lo bueno es que aquí, en lo más alto de la Ciudad de México, se respira aire limpio y se come bien rico.

Este pueblo vive del mole, así que hay un montón de restaurantes que lo venden y lo sirven. Son ligeramente distintos, pero todos vienen de la misma forma de cocina: con manteca de cerdo e ingredientes cultivados en el campo de aquí atrás o de allá arriba. Recomiendo el que conozco desde hace muchos años: Aquí es Atocpan, una casona con un hermoso jardín.

Cuando apenas te estás sentando en las mesitas del pasto ya te llevaron una canasta de tortillas de maíz azul o rojo hechas a mano, salsas y guacamole para que piques. Tu tradicional mole rojo sanpedreño con pierna y muslo de guajolote vendrá después, acompañado de arroz rojo y tamalates de frijol y de anís. Gloria en las alturas de Milpa Alta. Estos tamales pequeños son para acompañar el mole, pero podrías botaneártelos casi sin sentir que ya llevas diez.

Es plan de un día entero. Ya se acerca la Feria Nacional del Mole y habrá comilona y pachangón, pero creo que vale más la pena ir un día normal para que haya más calma, o lo más cercano.

Aquí es Atocpan
Cuitláhuac 229, Tula
vie-dom: 09-19 h
$ promedio: $250