Plasma exprés, una novela cyberpunk en la CDMX

Gerardo Horacio Porcayo, ganador de diversos reconocimientos nacionales e internacionales, habla sobre Plasma exprés, su novela más reciente

Un universo paralelo y distópico en el que la sociedad es adicta a la tecnología, el medio ambiente es manipulado y la Ciudad de México ha sido rebasada por la sobrepoblación, sirve de escenario para Plasma exprés.

¿Cuál es la trama de Plasma exprés?

Es una novela de ciencia ficción y policíaco que utiliza muchos de los tópicos del cyberpunk. Está escrita a partir del punto de vista de un narrador omnisciente y multifocal, y el escenario donde ocurre la mayor parte de la trama es la Ciudad de México.

La historia empieza con una escena snuff y es una revisión a toda la violencia y la adicción que supone la tecnología. Un elemento fundamental es la inclusión de un grupo tecnodelictivo autobautizado como los vricolacas. Se trata de hackers que se modificaron tecnológicamente a sí mismos para convertirse en vampiros (además, visten gabardinas para camuflarse). Todo apunta a que son ellos los responsables del video snuff. También existe otro grupo criminal llamado los Quinceys. Entonces, empieza una investigación policíaca en torno al origen del video.

Plasma exprés es una narración polifónica. En ella aparece el tema del detective privado, la manipulación del medio ambiente (se habla sobre la presencia de pesticidas robóticos nanoconstruidos, y en todo el mundo, salvo en México, hay espejos satelitales con los que pueden alterarse las cosechas y el calentamiento global), y algunos hechos suceden en Buenos Aires.

¿En qué año sucede la trama?

Como me llevó mucho tiempo construir la novela, al final opté por crear una línea de tiempo paralela. No es algo que se diga de forma directa, pero el narrador multimedia —un homenaje a Frank Miller— aclara que la Unión Soviética nunca cayó. Originalmente, tenía pensado terminarla un poco antes del año 2013, ya que tiene cierta relación con el famoso eclipse del 21 de diciembre, así como algunos elementos de las culturas prehispánicas. En ese sentido, y por todo lo que he descrito, es una novela río.

¿Quiénes son tus principales influencias?

Philip K. Dick es uno de mis autores favoritos. El título, Plasma exprés, evidentemente es un guiño a Nova Express, de William Burroughs, quien estaba obsesionado con el consumo de drogas químicas. Yo estoy obsesionado con las drogas tecnológicas y la dependencia que estas suponen.

En algún momento estuve muy cerca del fenómeno gótico y las novelas de vampiros. Para crear a los vricolacas, retomé algunos extremos de la cultura gótica. La escritura de este libro fue una manera de jugar con todos los tópicos que he señalado, además de servir como una revisión de nuestro presente.

¿Hay algún elemento cinematográfico?

Quienes somos cercanos al mundo del cyberpunk tenemos la directriz estética de Blade Runner, de Ridley Scott. Esta es la primera referencia, porque —como dicen en Estados Unidos— “ya ha pasado mucha agua bajo el puente”.

Originalmente pensé en una Ciudad de México aérea, pero, al tratar de construirla, la idea ni siquiera podía parecerme verosímil. Entonces, hice lo que cualquier escritor debe hacer: planteé todo desde esta realidad y analicé cuál sería su evolución lógica. Lejos de parecer una metrópoli cosmopolita, la sobrepoblación y los segundos pisos terminarán hundiendo la urbe, y en la capital que inventé, todo el primer cuadro está hundido.

Gerardo Horacio Porcayo recomienda diez libros

Los tres estigmas de Palmer Eldritch, de Philip K. Dick

Ubik, de Philip K. Dick

Los versos satánicos, de Salman Rushdie

El Aleph, de Jorge Luis Borges

La inmortalidad, de Milan Kundera

Rayuela, de Julio Cortázar

Poeta ciego, de Mario Bellatin

Jinetes del salario púrpura, de Philip José Farmer

La danza del sol, de Robert Silverberg

Trilogía involuntaria, de Mario Levrero

Fotos: Lulú Urdapilleta

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(Ciudad de México, 1988) Escritor, editor de la revista Moria y coorganizador de Lateralia. Festival de edición independiente. Devoto de los gatos, Thomas Bernhard, Andréi Tarkovski, Ingmar Bergman, Bill Hicks y J.S. Bach.