Restos de un mundo depravado

Hace un par de meses, llegó a las librerías de la capital la primera novela de David Cronenberg (entre sus hordas de seguidores le apodan el Rey del Horror Venéreo o el Barón de la sangre), cineasta canadiense famoso por películas como Videodrome, El almuerzo desnudo, Crash y eXistenZ.

Editada por Anagrama, arranca con el misterioso asesinato de Célestine Arosteguy, una filósofa francesa de 62 años, cuyo cuerpo aparece descuartizado (la escena es escalofriante: hay restos en sartenes y cacerolas que demuestran que algunas partes del cadáver fueron guisadas) en su departamento.

Uno de los sospechosos es Aristide, el esposo de Célestine, quien, tres días antes del macabro hallazgo, salió del país para dar una serie de conferencias por el continente asiático.

Pero ese sólo es el detonante de la novela, el pretexto para presentar en escena a Naomi y a Nathan, una pareja de periodistas freelance que siente una especial atracción por casos extraños y cuenta con un gran arsenal tecnológico, que cualquier equipo de espionaje envidiaría.

Cuando se conoce el crimen, Nathan está inmerso en la historia del dr. Molnár, un científico húngaro que estudia un tratamiento contra el cáncer de mama a través de corpúsculos radioactivos. Mientras, Naomi decide viajar a la capital francesa para investigar más sobre el caso Arosteguy.

Como la mayoría de los relatos de Cronenberg, Consumidos está poblado por una serie de personajes extraños e inquietantes (parte de ese mundo decadente y depravado que tantas veces ha llevado a la pantalla grande), que viven apartados de lo que el resto de la sociedad considera como común o sano.

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Consumidos

David Cronenberg

Anagrama

Barcelona, 2016

358 páginas, $424 pesos