¡Ve por tus piñatas navideñas al lugar donde se inventaron! Conoce Acolman y a sus artesanos

Por: Redacción
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Las piñatas navideñas de siete picos son una tradición 100% mexicana surgida hace casi 500 años en Acolman, Estado de México

Por Edgar Segura

Las piñatas navideñas de siete picos son una tradición 100% mexicana surgida hace casi 500 años en Acolman, Estado de México. Este pueblo, que se encuentra a tan sólo una hora en automóvil desde CDMX, mantiene viva una herencia cultural que tiene que ver con el mestizaje entre la herencia prehispánica y la época colonial. En sus talleres artesanales se llegan a fabricar hasta 5,000 piñatas al año con tamaños que van desde los 65 centímetros hasta los 3.40 metros.

La palabra piñata proviene del italiano pignata, que significa “olla de barro en forma de fruta”. El concepto mezcla tradiciones europeas con otras llevadas desde china por Marco Polo, pero las piñatas navideñas son una creación 100% mexicana. Su origen se remonta a 1586 en el Convento de San Agustín, en Acolman, donde el sacerdote Fray Diego de San Soria decidió modificarlas y usarlas como una forma de evangelización.

Les agregó siete picos para simbolizar los siete pecados capitales; también las cubrió de colores llamativos que simbolizan la tentación; vendó los ojos a los indígenas para simbilizar el hecho de que la fe es ciega y les enseñó a romper la piñata para representar el triunfo de la fe, y los dulces con los que se rellena son la recompensa que se obtiene por ello.

Un oficio de tradición


Casi medio siglo después, a tan sólo unos metros de donde todo empezó, la elaboración de piñatas navideñas es el origen y fuente de sustento de Alberto Hernández y su familia. Frente al Templo y Exconvento de San Agustín, en Acolman, se encuentra Piñatas Romanita, un taller artesanal que, como muchos otros en el municipio, es producto de una herencia que se transmite de generación en generación.

“Nosotros fabricamos piñatas desde hace 30 años. Mi suegra, Romanita, capacitó a varias personas para emprender este autoempleo, y posteriormente sus hijos, hijas, yernos, nueras y nietos se dedicaron a esto también”, cuenta Alberto. Aquí se fabrican hasta 5,000 piñatas navideñas al año. Hay tradicionales de siete picos, otras de cinco picos que representan la Estrella de Belén, e incluso de personajes de películas o televisión: “La mercadotecnia nos hace tener piñatas de personajes como Santa Claus, el Grinch, los burros, etc”.

Originalmente, las piñatas se fabricaban con barro, pero poco a poco ha caído en desuso porque las infancias pueden lastimarse al romperlas. Más allá de eso, en el taller de Alberto las fabrican con apego a las técnicas tradicionales. “Primero hacemos nuestro globo, lo pegamos con periódico y ocupamos engrudo y rafia. Posteriormente, ya que seca nuestra base, aplicamos engrudo para pegar los conitos y poderlos ensamblar. Luego se hace el adorno con china o crepé para pasar al adorno de la pancita”.

Las piñatas de Alberto y su familia van desde las más pequeñas, de 65 centímetros, hasta gigantes, de 3.4 metros. La más pequeña cuesta $70 y la más grande $3,500. En la elaboración de esta última se requiere el trabajo de al menos tres personas y se invierte hasta día y medio.

Pero detrás de las piñatas navideñas hay mucho más que la idea de un fraile. Esa idea tuvo aceptación porque también está relacionada con una celebración prehispánica: el Panquetzaliztli. “Era celebrado el nacimiento de Huitzilopochtli, que en español se traduce como colibrí izquierdo.

Uno de los rituales de celebración consistía en romper una olla que contenía plumas y piedras preciosas, la cual había sido colocada a lo alto al inicio de la fiesta”, relata la placa de un mural ubicado en la Casa de Cultura de Acolman. El mural representa la relación entre las piñatas y el Panquetzaliztli, y cómo la celebración fue usada como herramienta de evangelización.

En el Panquetzaliztli también se encuentra el origen de las posadas. En su celebración a Huitzilopochtli, los pueblos originarios realizaban una peregrinación de 20 días. Los conquistadores aprovecharon la similitud de esta peregrinación con la de María y José hacia Belén e instituyeron el ritual de las posadas.

Visita Acolman


Hoy en día, el lugar donde nacieron las piñatas se puede visitar. El Templo y Exconvento de San Agustín Acolman abre de lunes a domingo, de 9:00 a 17:30 horas. Los visitantes pueden entrar al convento de forma gratuita o recorrer un museo de sitio ubicado a un costado por $70. Además, en el Palacio Municipal se encuentran murales imperdibles que retratan la historia de la creación de las piñatas navideñas.

En la explanada principal también se puede encontrar una estatua que conmemora al fraile que ideó los siete picos. Por supuesto, la visita es una oportunidad para comprarlas. De hecho, este año se logró que las piñatas de Acolman fueran reconocidas como marca registrada. Y cada mes de diciembre, en los días previos a las posadas, aquí se lleva a cabo la Feria Internacional de la Piñata.

*Texto adaptado para + Chilango