Daniel Rodríguez Barrón: Los mundos que no queremos ver

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El autor chilango, Daniel Rodríguez Barrón, presenta Retrato de mi madre con perros, su segunda novela en la cual cuenta la historia de un futuro en el que estamos controlados por las redes sociales

Autor de títulos como La soledad de los animales, Los mataderos de la noche y Morbo sacro, Daniel Rodríguez Barrón presenta ahora su segunda novela, Retrato de mi madre con perros. El libro, editado por Seix Barral, cuenta la historia de Jacobo Flores, un hombre atormentado e inseguro que, tras encontrarse con el fantasma de su madre, decide aceptar la misión que esta le encomienda: encontrar a su asesino. Vive, además, en un mundo casi apocalíptico en el que una peste impide a los ciudadanos salir a la calle con tranquilidad y todo el tiempo son vigilados por el gobierno.

La idea de la trama surgió cuando Daniel se dio cuenta de que estamos inmersos en el mundo digital y que cada vez nos absorbe más tiempo. “La gente te dice que no existes si no estás en las redes sociales”, dice. Y agrega: “Me di cuenta de que estamos corriendo el peligro de solo existir a partir de la red. Por un lado eso, y por otro, te lo confieso, tuve un ataque de pánico como Jacobo [el protagonista de la historia] en el teatro, un día, y me pregunté qué era lo que me estaba sucediendo, qué estaba pasando. Así que decidí elaborar una respuesta a ello, obviamente a través de la ficción, pero fue una forma de enfrentar mi propio miedo, mi propio temor”.

El libro, que le tomó un par de años ir estructurando y planeando, es su segunda novela, la cual, considera, fue más complicada que su debut, ya que “en la primera arrojas todo lo que tienes, te avientas con todo. Y en la segunda eres mucho más cauto. Quieres controlar más cosas. No estoy diciendo que me haya funcionado, pero quieres decir exactamente ciertas cosas, quieres pulirlo, no quieres dejar ningún cabo suelto”.

No es la primera historia que ambientas en un escenario sórdido u oscuro, ¿por qué tu interés en esos mundos caóticos?

Porque creo que la literatura tiene que ahondar en esos mundos, ya que son justo los que no queremos ver. Estamos inmersos, por ejemplo, en las redes, y ahí todo mundo pone que se ganó un premio o que está en la playa o que está bailando, pero nadie te va a decir que está de- primido o que es un fracasado. Aunque lo piense de sí mismo, aunque sí sea consciente, nunca lo van a poner ahí.

Entonces yo creo que lo que hace la novela es ahondar en esas regiones que tú no deseas ver, para que el lector se cuestione dónde está parado, qué está haciendo, quién es, hasta dónde podría llegar. 

¿Por qué escogiste ambientar el libro en 2070? ¿En verdad crees que será así? ¿El apocalipsis está tan cerca?

Yo no diría el apocalipsis, pero el mundo distópico lo estamos viviendo ya. Creo que la distopía es el género del siglo XXI, y que cuando estamos hablando de ella estamos hablando realmente del presente. Y solo lo empujamos hacia el futuro un poco por discurso narrativo, es decir, para que algunas cosas que todavía no existen funcionen. 

En la novela también se habla de la escritura como medio para revelarse. ¿Puedes hablar un poco más sobre eso?

A la mejor es una presunción o una arrogancia adolescente, pero yo solo encontré en la literatura, cuando era joven, la forma de escapar. Ahí podía decir todo lo que necesitara decir, todo lo que quería decir. Y puse a Jacobo en una circunstancia en la cual le piden que trabaje todo el día, o que ponga en las redes sus pensamientos, siempre y cuando sean felices y buenos, y lo que él hace es utilizar la escritura para hablar sobre lo que le molesta y le duele.

Yo sigo creyendo que la ficción, ahora más que nunca, va a volver a ser aquello que necesitamos para decir verdaderamente las cosas. 

Actualmente, sin darnos cuenta, ya trabajamos como generadores de contenido para plataformas como las redes sociales, ¿pensaste en eso cuando estabas escribiendo el libro?

Totalmente. Sobre todo, pensé que somos una clase trabajadora completamente nueva de la cual nadie nos ha hablado todavía, porque estamos ahí la mayor parte del día. Jóvenes, viejitos, pobres, ricos, todos estamos trabajando, porque esas compañías se benefician de tus datos, tus fotos.

A mí me gustaría que alguien nos explicara cómo es esta nueva clase trabajadora, porque no nos consideramos así, nos consideramos usuarios, pero en realidad estamos haciendo un trabajo prácticamente diario para ellos.

¿Qué crees tú que dice de nosotros el uso que le damos a las redes sociales?

Muchas cosas. Uno, que estamos muy solos. Siempre lo hemos estado. En realidad, la especie necesita afecto, reconocimiento. Es algo que se ha hecho siempre, pero ahora lo necesitamos casi inmediatamente. Mandas una foto, un tuit, y si en un segundo no pasa nada te preguntas si ya nadie te quiere, si ya no tienes amigos. Creo que nos dice muchas cosas: nuestra terrible necesidad de afecto, que esa la ha tenido la humanidad siempre, pero ahora es insaciable y frívola, porque antes queríamos el afecto de seres especiales, de gente específica, y ahora si nos da Like alguien de Tombuctú lo presumimos, cuando no significa absolutamente nada, incluso puso haber sido un error. Y luego nuestro aislamiento.

Es muy difícil hablar frente a frente y hacer preguntas sobre tal o cual cosa, y eso ya prácticamente no lo hacemos. Creo que estamos perdiendo cosas.

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