Circo para todos

circo incluyente

Compuesta por 12 miembros, este circo incluyente lleva poco más de un año demostrando que los únicos límites que pueden detenernos son los que nosotros mismos nos imponemos. 

Es un patio trasero, pequeño y verdísimo. Ocho metros cuadrados de pasto sintético donde se amontonan aros de todos los tamaños y colores, además de instrumental para acrobacia. Aquí, Ángel González ensaya uno de sus actos: después de varios intentos, logra insertar uno de los anillos en un cono de medio metro de alto. Ángel tiene síndrome de Down.

Más allá está Eduardo, un chico de figura espigada con retraso psicomotor quien domina el arte del equilibrismo. Su cabello alborotado y lacio cae sobre su cara, a cada tanto tiene que retirarlo del rostro para seguir dando vueltas de frente, de espalda, parado de manos o sobre los hombros de sus compañeros.

Ángel y Eduardo son parte del circo incluyente llamado Circo Inclusivo México, fundada por Diana y Francisco Monforte, dos pedagogos que —hace poco más de un año— decidieron unir su carrera con su pasión por las artes circenses.

“En un inicio esto fue un proyecto para la maestría: presenté un circo con apertura a la diversidad, en este caso a la discapacidad”, recuerda Diana mientras sostiene a Eduardo del brazo izquierdo para que aprenda a caminar por la cuerda floja. “Una vez más Lalo”, le dice con paciencia cada que cae.

Las estrellas del show

Eduardo es el hermano menor de Diana y Francisco. Él fue la principal inspiración para fundar un circo incluyente. Hoy, Eduardo tiene 19 años y es hábil en múltiples formas de acrobacia pero, cuando nació, el diagnóstico médico aseguró que le sería imposible caminar.

“Mi hermano es mi motor. Sin él tal vez no realizaría lo que hago y nunca hubiera sido tan feliz. Con ellos (se refiere a los otros chicos), todo el tiempo es jugar”, cuenta Francisco.

Jugar: ¿no debería ser esa la principal motivación de todo trabajo? ¿No es eso lo que nos recuerda el circo, que la vida debería ser un juego eterno? Actualmente la compañía funciona con 12 integrantes, cuatro de ellos con discapacidad. Además de Eduardo y Ángel, están Jorge Tovar en los malabares, quien mientras domina tres mazas con ambas manos cuida que no se le caigan sus anteojos de pasta. También está Guillermo Acedo, el más alto de los integrantes y quien hoy aún no llega al ensayo. Ambos padecen síndrome de Down, pero en el escenario eso es lo de menos.

Además, participan Víctor Castillo en el cable tenso, Armando Cortés en el número clown, Marcela Carballo como comediante, Momo Netsa en los aros, Leonardo Vázquez en los malabares, Martín Soula en la rueda Cyr y el rola rola, Francisco Monforte en la cuerda floja y Diana Monforte quien, además de presentar cada acto, suele hacer piruetas en su monociclo.

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Realizar un show donde se aprovecha el talento humano era una idea que los hermanos Monforte traían en mente desde que eran niños: “Siempre tuvimos la inquietud de movernos. A la par de la escuela estudiamos gimnasia, yo empecé a hacer malabares sin que nadie me enseñara, luego mi hermana buscó una escuela de circo. Esa fue nuestra incursión”, recuerda Francisco.

Han pasado 10 años desde entonces. En su primer día de clases conocieron a Martín Soula quien, en aquel entonces, soñaba con trabajar en una carpa. Al poco tiempo, Martín abrió su propia escuela circense: Condor. Es aquí donde Francisco y Diana ensayan cada semana con todos los miembros de su circo incluyente.

Ahora, además de prestar el lugar para que estos chicos entrenen, Martín también da clases. “Me sorprendió lo fácil que es trabajar con ellos”, cuenta Martín, quien ahora también les da clases. “Todos se ayudan. Aquí no está el afán de sobresalir, cosa que es muy común en otras compañías de circo”.

La primera función ocurrió el 17 de abril de 2016, en el Kiosco Morisco de Santa María la Ribera. Era la primera vez que el circo se presentaba en vivo y la compañía no esperaba más de 30 personas: llegaron más de 500, incluido un grupo de sordomudos que se reunía en la colonia. A partir de ese momento, contactaron a una intérprete de señas y la integraron a sus presentaciones.

En busca de un espacio

Es hora de ejercitarse, pero Ángel no quiere levantar las pesas. No obstante, Francisco sabe cuál es su debilidad: la lucha libre. “Somos luchadores”, le dice mientras lo mira de frente, retándolo divertido. Ángel reacciona de inmediato y realiza las series, mientras infla los cachetes para simular un gran esfuerzo.

A partir de aquella primera función, los Monforte comenzaron a recibir propuestas para presentaciones en escuelas, asilos de ancianos y hasta los gobiernos de Puebla y Veracruz les extendieron la invitación para presentarse. Su cartelera puede consultarse en su página de Facebook: facebook.com/circoinclusivo.

Aunque por el momento no cuentan con un espacio fijo donde presentarse, Circo Inclusivo México está abierto a cualquier invitación que el público haga. “Queremos crecer, tener un espacio, dar giras y viajar como cualquier otra carpa. Además, me gustaría que los chicos desarrollen sus habilidades”, comenta Diana.

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Periodista en formación, egresada de la carrera de Comunicación y Periodismo, de la FES Aragón (UNAM). Amante de la buena música, el cine y el café.