Escribir para salvar del olvido

Fotografía: Lulú Urdapilleta
A través de esta historia ambientada en la Apachería, Álvaro Enrigue habla sobre el problema de violencia sobre cuerpos de las mujeres y la discriminación de las naciones indígenas

Álvaro Enrigue no recuerda la primera vez que escuchó a alguien hablar de Gerónimo, pero sí la primera vez que vio una foto suya. “Era una postal, en un negocio muy raro, en territorio sioux, que se llama Wall Drugs. Una tienda gigantesca y solitaria en medio de los llanos de Dakota del Sur en la que venden medicinas, pero sobre todo memorabilia indígena. Me impresionó que hubiera una foto de Gerónimo y la compré. Estuvo pegada junto a mi escritorio durante años sin que supiera de él mucho más que era un chamán de guerra chiricahua. Me acompañó como talismán de escritura desde muchísimo antes de que pensara en trabajar con él como personaje”.

Ahora, a varios años de distancia, publica Ahora me rindo y eso es todo (a propósito de las palabras con las que Gerónimo se rindió ante el general George Crook: “Antes corría como el viento, ahora me rindo y eso es todo”), una novela en la que reconstruye la Apachería, esa franja de territorio árido y hostil en lo que hoy son los estados de Sonora, Chihuahua, Arizona y Nuevo México. Un país borrado en conjunto por los ejércitos de Estados Unidos y México, y que le sirve a Enrigue como escenario para hablar sobre el problema de violencia sobre cuerpos de las mujeres, la discriminación de las naciones indígenas, sobre esos mundos que aniquilamos innecesariamente y, de cierta forma, para reivindicar la nacionalidad mexicana de Gerónimo.

“Es una novela que sentí como un deber. Me parece que cosas simples como el hecho de que se piense que Gerónimo era gringo y que no se sepa que su segunda lengua era el español es algo que hay que saber para entender los procesos contemporáneos. Insisto, no es una novela histórica. Igual que Muerte súbita [el libro anterior de Enrigue y por el cual obtuvo el Premio Herralde], es una novela sobre el mundo contemporáneo que indaga en lo que hicimos mal en ánimo de que a lo mejor lo hagamos bien a la siguiente”.

La historia, entretejida y narrada en poco más de 450 páginas, es protagonizada por tres grupos de personajes peculiares: por una parte están los apaches y Camila, una viuda secuestrada que descubre una nueva forma de vivir a lado de los atapascanos; por otro lado está el teniente coronel José María Zuloaga y su ejército improvisado, compuesto por una monja, un maestro de baile, un niño, un güero y unos hermanos tarahumaras; y finalmente está la familia de un escritor que, ya en nuestro tiempo, viaja por Estados Unidos tras las pistas del pueblo apache.

“Como es un relato que sucede mayormente en el siglo XIX, tenía la intención de que fuera una novela muy decimonónica, en el sentido de que fueran cuatro libros y punto. Al final, cuando lo leímos así la editora y yo, no parecía un libro mío. No es que mezcle las tramas porque sea divertido o para torturar al lector, sino porque en cuanto desorganizas una historia, en cuanto la sacas de su linealidad natural y la superpones a otras historias, aparecen nuevos significados y nuevos relatos. Al empezar a jugar con los pedazos, la novela empezó a significar muchísimo más, lo cual quería decir que había que escribirle más encima. No solo limar para que los engranajes aprieten, sino escribir alrededor de los engranajes para que amarren mejor y para que la historia diga otras cosas”.

Cada una de las tramas brilla por algo. En el caso del diario, lo que destaca es su sinceridad. “Toda la vida he sido muy distante de mis libros, nunca escribí nada autobiográfico. Siempre pensé, y lo dije a gritos, que los libros viven de los libros y no de la vida, y conforme he ido envejeciendo voy encontrando que la vida también es bastante literaria y produce buen material de escritura. Entonces, me pareció importante que, en un libro que iba a aparecer cuando ya tengo casi 50 años, cuando ya me preocupan menos cosas, muy pocas y muy graves, y sobre todo mi carrera como escritor ya está, me puede ir bien o mal o lo que sea, pero ya es algo que pasó, me parecía importante dejar un registro de mi vida. Al final, la explicación más razonable que he encontrado para por qué escribimos es la de San Pablo. No me acuerdo evvn cuál de sus cartas, alguien le pregunta por qué estamos aquí y por qué hay que escribir, y él responde que porque tenemos que dejar testimonio de lo que vemos. Esa respuesta que cuando leí por primera vez seguramente en el colegio católico me ha de haber parecido estúpida, conforme voy envejeciendo me va pareciendo cada vez más y más importante”.

Ahora me rindo y eso es todo es, no solo por ello, el libro más personal de Enrigue. “Es una novela escrita muy de acuerdo con lo que me estaba preocupando mientras trabajaba en ella. Más de la mitad está escrita durante la campaña y presidencia de Donald Trump, y me interesaba discutir, sin teoría política y a un nivel de feeling muy personal, qué es ser mexicano en Estados Unidos ahorita. Y contar el otro lado de la historia que no se cuenta. Porque, en ese avasallamiento cultural al que EUA ha sometido a México y a todo el mundo, hemos dejado de contar historias que muestran que las cosas no siempre fueron como nos dicen los gringos que fueron y que ambos países están mucho más mezclados para bien y para mal de lo que creemos. Me parece particularmente doloroso que las únicas guerras que hayamos peleado juntos, gringos y mexicanos, hayan sido la guerra apache y la guerra comanche, que fueron infames. Siempre estamos hablando del racismo de los gringos y de lo jodidos que están; de lo bien que lo hemos hecho nosotros con el mestizaje, y somos una nación de criminales también. Construimos un país sobre los huesos de naciones completas, culturalmente prodigiosas, y no lo decimos y no lo reconocemos. Es una novela escrita con mucha tristeza, y la tristeza es quizás el más genuino de los sentimientos. También el diario es triste porque es el relato de una familia que fue feliz y ya no lo es. Es, sobre todo, un libro honesto”.

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Artículo anteriorEdición impresa: 17/12/2018
Periodista. Ha colaborado en distintos medios. Twitter: @fhurias1