La CDMX te vuelve más duro

El actor Tenoch Huerta considera que en la CDMX tienes que ser el doble de bueno para triunfar. Foto, Erick Delgado
El actor Tenoch Huerta considera que en la CDMX tienes que ser el doble de bueno para triunfar. Foto, Erick Delgado

Tenoch Huerta creció profesionalmente gracias a una filosofía que, asegura, siguen los capitalinos: ser más rápido, más alto y más fuerte.

FOTO: ERICK DELGADO

El mantra que ha guiado la vida de Tenoch Huerta apareció cuando rondaba los 20 años. Estudiaba la universidad mientras tomaba talleres de actuación. Ahí, su mentor, el actor Carlos Torres Torrija le repetía: “Tienes que ser más rápido, más alto y más fuerte”.

Citius, altius, fortius, la locución latina pronunciada por el barón Pierre de Coubertin en la inauguración de los primeros Juegos Olímpicos de la era moderna. Esas palabras marcaron a Tenoch y le ayudaron a darse cuenta de que su carrera no sería algo fortuito, sino resultado del trabajo y de la toma de pequeñas decisiones.

“Son elecciones, como en lugar de comer al salir de la escuela, comprar una bolsita de cacahuates e irme a las clases de actuación o guardar el dinero para pagar las combis en vez de tomarme una chela. No es suerte, es trabajo y disciplina. Es entender qué es lo que quieres en la vida y chingarle para lograrlo”, dice.

Para Tenoch, ese “chingarle” es  lo que  mejor representa la actitud del chilango y lo ve reflejado en toda la gente que desde las seis de la mañana espera para subirse al transporte, que atraviesa la ciudad para ir a trabajar y que pasa horas en una oficina para ganar su sustento.

“Esta ciudad te pone la vara muy alta. Si quieres ser más rápido, más alto y más fuerte, como me enseñaron, tienes que chambear el doble, porque todo mundo está muy cabrón aquí y necesitas dar el todo”, dice.

Actor por insistencia

La vida de Tenoch —explica— está construida en dos vertientes: su tarea como padre y su carrera como actor. Sobre esta última afirma que llegó de manera inesperada.

Ocurrió por insistencia de su padre, quien vio en su hijo algo diferente y a los 17 años lo convenció de entrar a un taller de actuación con María Elena Saldaña.

Ya en la universidad, y por influencia de sus amigos, se interesó por el arte y, de nuevo, su padre insistió, ahora con un taller del actor Luis Felipe Tovar, en donde conoció a su mentor, Carlos Torres Torrija.

“Él no sólo me vendió el sueño, sino que me enseñó a hacerlo real. Ya veía la actuación como un proyecto de vida plausible, me calentó la cabeza, tomé en serio el ser más rápido, más fuerte y más grande y empecé a hacer casting”.

Un día, mientras Tenoch trabajaba como camarógrafo para TV Azteca, recibió un llamado para participar en una película para la que no había audicionado, pero el director lo eligió. Así llegó a Déficit, bajo la dirección de Gael García, y empezó su ascenso.

Durante los primeros seis años de su carrera, Tenoch Huerta nunca se asumió como actor, sino como alguien que se dedicaba a actuar. Este alejamiento respondía a que su formación estaba en la Comunicación y su faceta histriónica la desarrolló en talleres.

Pero fueron las dos participaciones que tuvo en el Festival de Cannes, en Francia, las que hicieron que se cuestionara su modo de vida: su primera visita ocurrió cuando tenía 26 años, fue la primera vez que viajó en avión, la primera vez que salió del país y la primera oportunidad de palpar lo que su trabajo producía.

“La segunda vez fue cuando me asumí como actor. Presentamos la película Días de gracia. Era mi primer protagónico, era el debut del director y la primera oportunidad de casi todos en el filme. Estar en la sala más importante del planeta, con más de dos mil personas que se pusieron de pie durante 15 minutos por una película presentada por un grupo de mexicanitos hizo que me dijera ‘a huevo, sí soy actor’ y esa fue mi graduación”, cuenta.

Una industria que no despega

Además de llevarlo a Cannes y revelarlo como actor, Días de gracia también le dio un premio Ariel, el máximo galardón del cine mexicano. Pero dentro de su carrera, Tenoch Huerta ha participado en unas 30 películas, entre ellas El Infierno, Nesio, Mexican Gangster y Get the Gringo, con Mel Gibson. Desde ahí, también coqueteó con la televisión en series como Los Minondo, Zapata, Cloroformo, Hasta que te conocí y Blue Demon.

“Si quien me vende el proyecto tiene pasión, yo lo acepto. Te puedo decir que 95% de mi carrera ha sido con gente apasionada. A veces nos va bien y otras no, pero en esos proyectos uno lo deja todo”, sostiene.

Una estrategia que utiliza porque, aunque en México hay mucho talento artístico, la industria sufre en la ejecución de proyectos.

“Estamos haciendo comedia simplona y no estamos narrando bien. Por ejemplo, tenemos la impresión de que se están sobreexplotando temas, pero más bien se está haciendo todo igual”, considera Tenoch.

Eso, dice, ha provocado que en automático el público rechace el cine mexicano.

“No hay preocupación por crear identidad por el cine nacional. Nos estamos jugando chueco a nosotros mismos. Las que apenas están encontrando su cauce son las series, pero muchas se han convertido en telenovelas con bonita fotografía. Ahorita hay audiencia porque quienes veían telenovelas se están cambiando de formato, pero para la generación que sigue no se están haciendo productos, no están generando nuevos públicos y a la larga ese es el riesgo de lo que se hace en México”.

En cifras:

  • 30 películas forman parte de su filmografía, además de varias series de televisión.
  • 2006 fue el año de su debut en cine con la película mexicana Así del precipicio, de Teresa Suárez.
  • 17 años tenía cuando entró a su primer taller de actuación, con María Elena Saldaña.
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Reportera que camina la CDMX. Ideática y platicadora en sus ratos libres. Escribe de madrugada y duerme en el autobús. Convencida que las personas están hechas de historias y no sólo de tripas y huesos. De la vida aprendió a no tener sentimiento de escasez.