La chilanga más olímpica

Como si buscara romper un récord, Pina Flores ha ido como voluntaria a 10 juegos olímpicos y ya está lista para Río 2016.

FOTOS: LULÚ URDAPILLETA

Si hubiera una competencia para ver quién ha visitado más justas deportivas, la capitalina Pina Flores contendería por el podio y quizá también por el récord mundial.

A lo largo de su vida, ha asistido como voluntaria a cinco juegos panamericanos, ocho mundiales de futbol y 10 juegos olímpicos. La justa de Río 2016 —que arranca este viernes— representará su escala número 11 en este tipo de contiendas.

En todo este camino, dice, la han impulsado su amor por el deporte, sus ganas de conocer personas, países y culturas, y la energía que la mueve en sus actividades diarias: por las mañanas, practica remo, trota, hace bicicleta y juega tenis; por las tardes, da clases de natación; por las noches, toca el piano y dedica un tiempo a estudiar.

Y con ese mismo ánimo que la empuja diariamente, esta mujer de 65 años busca disfrutar cada jornada de las olimpiadas que se celebrarán en tierras brasileñas.

De coincidencia a tradición

Pina nació con el chip deportivo. Su padre, Carlos Flores, fue jugador del Oro y del Atlante, por lo que ella creció entre canchas de futbol y otras competencias que le inculcaron gusto por diferentes disciplinas.

Su primera experiencia olímpica llegó cuando tenía 17 años y estudiaba para ser profesora de Educación Física, pues el comité organizador de México 68 designó a su clase para fungir como apoyo en la justa.

Para los siguientes juegos olímpicos, los de Múnich 72, Pina era estudiante becada en Alemania y esto le permitió revivir la emoción de ser voluntaria en una celebración de importancia internacional.

“Desde entonces, me gustó tanto que apliqué en Montreal 76, Los Ángeles 84, Barcelona 92, Atlanta 96, Sídney 2000, Atenas 2004, Beijing 2008, Londres 2012… y ahora sigue Río 2016”, dice.

En cuanto al futbol, los mundiales a los que ha asistido son los dos de México —en 1970 y 1986—, Argentina 78, España 82, Francia 98, Alemania 2006, Sudáfrica 2010 y Brasil 2014.

Lo que se deja por viajar

Acumular estas experiencias y kilómetros no ha sido sencillo, confiesa Pina. En primer lugar, porque realizar esta cantidad de viajes requiere horas de dedicación y un estilo de vida que pocas personas pueden comprender. Un ejemplo de esto es el tiempo y el esfuerzo que ha tenido que invertir para aprender otros idiomas.

“Aprendo [en el coche] durante el tráfico. Agarro la ruta más congestionada y con más semáforos para practicar en cada alto”, cuenta esta capitalina, quien además de español habla inglés, francés, chino, griego, italiano, portugués y alemán.

Pero los sacrificios por viajar no terminan ahí. También implican mantenerse lejos de las fiestas y de Facebook, y le dificultaron tener pareja e hijos. Sin embargo, Pina asegura que no se arrepiente de sus decisiones. “Casarse es difícil y los niños son para disfrutarse. Así que haces tu vida o estás con ellos, pero los dos no se puede”, dice la mujer, quien presume tener amigos en Sudamérica, Europa, África y China.

Cuando alguno de ellos viene a México, lo recibe con las puertas abiertas, y cuando ella viaja al extranjero, sabe que contará con el mismo respaldo.

El ‘medallero’ de recuerdos

De todas sus aventuras, Pina guarda recuerdos que han dejado huella en su vida, como vacacionar en un castillo alemán, viajar en aviones privados y ganarse boletos para Roland Garros. Y de todos esos episodios, dos están entre los más significativos.

Uno ocurrió en Grecia, donde pidió un aventón y el hombre que la llevó era hijo de un soldado griego que había vivido en Colima. El conductor le contó que su papá le recomendó visitar México y, un año después, fue recibido en casa de Pina, para más adelante inscribirse en Chapingo.

El otro hecho sucedió en Múnich 72, durante el atentado que concluyó con el asesinato de 11 atletas de Israel: “Cuando comenzó el ataque me metí a la villa olímpica, aunque no podía. Empecé a ver helicópteros y soldados. No nos dejaban entrar ni salir, así que tuve que esconderme toda la noche en el baño. Pensé que iba a morir”.

Una promesa que no caduca

Hoy, Pina es profesora jubilada y da clases de natación, medicina del deporte, rehabilitación y nutrición. Cada que inician los preparativos para otra justa, se dice a sí misma que será la última en la que participará, pero algo termina por convencerla de seguir. Tan es así, que ya se alista para el Mundial de Rusia 2018, aunque el pebetero de Río 2016 ni siquiera ha sido encendido.

“Prometí ser voluntaria en todos los juegos. Esto de ser voluntaria no lo pagas con nada. Es tener la voluntad de ayudar sin recibir nada a cambio, de hacerlo por amor, y por ese amor he conocido artistas, famosos, medallistas, y [he podido] entrar a todos lados porque con la acreditación te encuentras en el corazón de las olimpiadas”, dice la mujer, antes de recordar otra enseñanza de sus viajes.

“El eslogan de China [en 2008] era ‘Contribuyo y me divierto’, y así es la vida: si te gusta ayudar a la gente, esto es lo tuyo”.

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En cifras

  • 10 juegos olímpicos son a los que Pina Flores ha asistido como voluntaria; en Río hará su visita número 11.
  • mundiales de futbol ha visitado y ya se prepara para viajar al torneo de Rusia 2018.
  • juegos panamericanos completan el paso de Pina por justas deportivas.