La cuadratura de la moda

Lorena Saravia en su estudio en la colonia Roma. Ella es una de los representantes de la moda mexicana. Foto, Lulú Urdapilleta.
Lorena Saravia en su estudio en la colonia Roma. Ella es una de los representantes de la moda mexicana. Foto, Lulú Urdapilleta.

La diseñadora Lorena Saravia habla sobre la inspiración de sus diseños y la receta que siguió para triunfar en la escena internacional.

FOTO: LULÚ URDAPILLETA

Qué mañana tan difícil la de este miércoles de noviembre, porque tocó junta en Santa Fe. “Y tú sabes lo que eso significa”, dice Lorena Saravia, la joven diseñadora de moda cuyas propuestas se han posicionado como unas de las más reconocidas en la industria mexicana. “¡Un tráfico insoportable!”. La ruptura del orden. El temido caos de una hilera de autos que avanzan a paso de tortuga. Claxonazos que desequilibran la armonía.

Esos atentados contra la tranquilidad quedan atrás una vez que Lorena entra en su showroom de la colonia Roma. Aquí las cosas recuperan su sentido: una sola paleta cromática en las paredes. Las revistas de moda acomodadas de tal forma que parecen un solo bloque sin fisuras. Las cajitas para accesorios acomodadas de manera lineal.  Y lo más importante: cada gancho del que cuelga una prenda tiene una separación de dos centímetros.

“Los lugares donde trabajo deben tener ciertos lineamientos —dice Lorena —. Necesito que mi cabeza funcione estáticamente. Que todo esté cuadrado”. Eso, y vestir completamente de negro, le brinda paz.

La abuela sabe coser

A un lado del marco de la puerta cuelgan cuatro fotografías enmarcadas que forman una línea vertical. La primera de esas impresiones en blanco y negro muestra a dos mujeres en vestido de coctel, que sonríen. Cuando se le pregunta quiénes son, Lorena gira la cabeza con un movimiento brusco. “Es mi abuela con… no sé, alguna amiga”.

Antes del premio del Women’s Forum 2016, previo a los tres galardones del festival de cine ASVOFF, por mejor Fashion Film en 2015, décadas antes del reconocimiento de la revista Vogue en 2013, e incluso mucho antes de que Lorena Saravia fuera una marca, existió una abuela que en su juventud posó para una foto en un vestido de coctel que se confeccionó ella misma.

“Mi abuela, mis tías, mi mamá, todas cosen. Cada Navidad yo tenía un nuevo vestido hecho por mi madre y seguramente el vestido que usa mi abuela en esa foto se lo hizo ella”, dice la diseñadora.

Lorena cose desde los siete años. Frunce el rostro cuando se le pregunta si es por influencia familiar que ella se dedique al diseño de moda. “¡No! No es algo que me saliera orgánicamente”. Pero esas fotografías tienen una razón de ser en este espacio. Una estrategia comercial.

“Evidentemente, que tú veas esa foto, que mi abuela sepa coser, que mi familia sepa coser y que yo haya trabajado con Macario Jiménez —otro referente de la moda mexicana—, todo eso hace que se arme una historia que ayuda a crear un objetivo comercial”.

Querido Santa

La evolución de una marca va de la mano con la de su fundadora. Con siete años de existencia en el mercado, apenas hace dos años que Lorena Saravia ha ascendido hasta volverse referente. Influyeron varios factores: la inauguración de un showroom en Presidente Masaryk, que tenía como ventaja ser la avenida comercial de las marcas de lujo, y como contra: que la tienda comenzó a funcionar cuando esta avenida era un paisaje donde predominaba el cascajo a causa de las remodelaciones que hicieron en esa calle.

Luego vinieron los premios. La venta exclusiva en El Palacio de Hierro. Las pasarelas en el Fashion Week de Madrid y Nueva York. El plan de negocios y alianzas estratégicas.

“Mi carta a Santa Claus es tener diez tiendas a nivel mundial y más de 222 puntos de venta”. Un modelo de negocios, de diseños únicos y producciones pequeñas es algo que Saravia rechaza. “La mujer contemporánea no quiere un diseño exclusivo que le va a costar 20 mil pesos. Ese nicho es así”, dice, formando un diminuto círculo con los dedos pulgar e índice. “Nuestro plan va más a un enfoque de finanzas”.

No me inspiro en los árboles

Los ganchos de la ropa tienen dos centímetros de separación, de modo que la prenda tenga espacio y la gente se interese por verla. Lorena siempre viste de negro y también lo hace su equipo en cada junta, pues lo que debe destacar son las propuestas de diseño. El logo de la marca está inspirado en un adoquín de Barcelona que era irregular, así que Lorena lo hizo más “cuadrado”.

El orden no sólo le da paz a Lorena. Es también una estrategia para alcanzar objetivos. “La definición perfecta de lo que nosotros ofrecemos en el mercado, es algo sofisticado y cuadrado”. Practicidad por encima del romanticismo. 

“Depende cómo lo veas. La parte romántica existe en cualquier negocio. Desde H&M o Zara, hasta Louis Vuitton. Hay gente cuya satisfacción más grande es hacer un solo vestido en un mes y venderlo. Es válido. Nosotros tenemos nuestra parte romántica, pero nuestro objetivo es diferente. Son las ventas”.

De las satisfacciones, ninguna como la de imaginar, dibujar, coser y ver la prenda sobre alguien, dice Lorena. Y para inspirarse, nada mejor que una colección vendida.

“Yo no soy una persona que dice ‘¡Ay! Para esta temporada me inspiré en los árboles’. ¡No! Para esta temporada me inspiré en las ventas. Si van bien, quiere decir que la marca funciona, que va a crecer y que mi chamba está bien hecha”.   

Si se trata de alcanzar la paz mental, nada mejor que esa certeza.

En cifras:

  • 680 pesos por un top y hasta 15 mil por un vestido de seda cuesta un diseño de Lorena Saravia.
  • 3 ciudades venden sus diseños: Ciudad de México, Monterrey y Guadalajara.
  • 7 años de existencia tiene la marca de moda de la diseñadora mexicana Lorena Saravia.