Patadas por la diversidad

Durante ocho años, el equipo Snorbak ha saltado a golear el estereotipo de que el futbol “es un deporte para machos”

Foto: Lulú Urdapilleta (@lulurdapilleta)

Snorbak nació como un grupo de amigas que se juntaban a jugar de manera informal y ahora tienen equipo femenil, varonil y mixto que promueve la diversidad

Una bandera multicolor adorna las mangas de la camiseta blanca que usan como uniforme. La combinan con un short negro y tenis según el gusto de cada jugador. Pisan el pasto sintético, calientan con un par de balones y empiezan a correr en fila hasta el centro del campo.

Las personas se asoman atrás de las rejas con escepticismo. Algunos cuchichean, otros sonríen. Algunos jóvenes se dan codazos como insinuando algo. Apenas suena el silbato y empiezan a jugar. Pasan, driblan, controlan y tiran a la portería.

Si no fueran conocidos en el barrio, la idea no pasaría por su cabeza, pues dentro de un deporte considerado para “machos”, Snorbak, el único equipo abiertamente LGBT+ de la colonia Moctezuma, ha sido tres veces campeón de la liga.

“Al principio los venían a ver por morbo, decían ‘vamos a ver a los jotitos’. Había quienes se burlaban y los que insultaban. Muchas personas pensaban que venían a dar show como si fueran muñequitos de feria, pero con cada partido les fueron callando la boca. Son chicos y chicas con muy buen nivel, y ahora los vienen a ver por su forma de juego”, dice Claudia Cortés, coordinadora del equipo.

El origen

Snorbak nació en octubre de 2011. Eran un grupo de amigas que se juntaban a jugar de manera informal hasta que un día las invitaron a Toluca a un partido, en el que, desde la porra, les gritaron “vamos, cabronas” y decidieron quedarse con el nombre.

“Solo volteamos la palabra ‘cabronas’ y le dimos estilo a las letras para que al gritarla o escribirla no se escuchara mal, sobretodo porque vienen muchos niños a los partidos. Empezamos a ver que nos iba bien jugando, formamos un equipo y nos unimos a los torneos”, narra Marisol Medina, una de las fundadoras.

El objetivo inicial era juntar mujeres para jugar, pues consideran que en el ámbito deportivo tienen menos oportunidades de desarrollarse. El proyecto fue creciendo y dejó de tener límites. Incluyeron a mujeres abiertamente lesbianas, gays y miembros de la comunidad trans para formar un equipo diverso que promoviera la igualdad.

Aprovechar la diversidad

Snorbak es diverso no solamente por sus preferencias sexuales. Destacan por tener equipo femenil, varonil y mixto, y en ellos juegan amas de casa, contadores, taxistas, personal bancario, estudiantes y oficinistas. Comparten la pasión por el futbol, que a la mayoría les empezó desde la infancia.

Marisol, por ejemplo, empezó a jugar a los ocho años en el Deportivo Plutarco Elías Calles. Fue parte de varios equipos que la llevaron a torneos y a conocer gente que la impulsó a fundar Snorbak. También está Maricarmen, una taxista que aprovecha el futbol para sacar el estrés de su trabajo, y que ha jugado en equipos de las colonias Guerrero y Tlatelolco.

La coordinadora, Claudia Cortés, jugó hasta la juventud, pero tuvo que dejar el deporte por problemas económicos y la necesidad de empezar a trabajar. Sin embargo, canaliza su pasión por el futbol al dirigir al equipo y buscar patrocinios para comprar uniformes, balones o para los pasajes cuando participan en torneos fuera del deportivo. Quizá por eso, entre los compañeros, es conocida como la “madrina”.

Como parte del equipo varonil está Aldo Peralta, un joven que ha jugado en diferentes equipos LGBT+ —de los siete que existen en la Ciudad de México— e incluso representó a México en los Gay Games de 2014 en Cleveland, Estados Unidos, competencia en la que obtuvieron una medalla por el tercer lugar.

“En estos equipos hay mucho talento, pero te das cuenta de que por la falta de apoyo las mujeres y los hombres se quedan en las canchas del barrio aunque tengan muchas habilidades. Por eso queremos crear oportunidades, hacer que Snorbak represente a México, que tire los estereotipos y la visión machista de que el futbol es solo ‘para hombres’”, dice Claudia.

Impacto en la sociedad

Entre 2011 y 2018, la Federación Mexicana de Futbol (Femexfut) pagó 11 sanciones por gritos homofóbicos en partidos internacionales de la Selección Mexicana. El último caso conocido fue en el partido México-Alemania, del Mundial Rusia 2018, cuyos gritos costaron a la Femexfut el equivalente a 204 mil pesos.

Sin embargo, los partidos internacionales no son los únicos en los que se escuchan estos gritos. En los llanos y en los deportivos los insultos son comunes. “Si a esto le sumas que somos un equipo LGBT+ y que esas palabras las ocupan normalmente para referirse a nosotros, pues es peor”, dice Aldo Peralta, quien ha escuchado insinuaciones, reclamos porque “lo gay se pega” y toda clase de insultos.

“Estamos tratando que un deporte machista se deje de ver como tal y que incluya a todas y todos los que nos gusta el futbol sin importar quiénes somos afuera de las canchas o a quién amamos. Con el tiempo nos ha funcionado, pues ahora la gente nos empieza a ver diferente. A nosotros nos interesa que se sepa que somos gays, pero también que sabemos jugar”, dice.

Los cambios se han visto poco a poco. De ser vistos como los “raros” de la liga, ahora se han hecho de un grupo de aficionados que los alienta cada domingo. Otros equipos les piden partidos para entrenar, hay jugadores contrarios que se acercan a darles consejos y ya no hay familias que se sientan incómodas por llevar a sus hijos a los juegos.

“Lo importante ha sido que nos conducimos con respeto. Cada uno tiene su carácter y su forma de expresarse, pero nunca nos metemos con otras personas. Nos gusta convivir, traer comida al final de los juegos y compartir el tiempo con nuestras parejas y amigos. Eso en el deportivo ha impactado, la gente nos acepta y nos respeta. Aquí somos personas comunes con amor por el futbol”, dice Aldo.