En busca de la irreverencia

Regina Orozco que pasa del cabaret a la ópera en una sola nota

Regina Orozco defiende causas sociales, canta y actúa pero ante todo es una chilanga de mucho barrio

FOTO: LULÚ URDAPILLETA

La Ciudad de México es tan contrastante como la personalidad de Regina Orozco, pues mientras en la capital se pueden ver realidades distintas de una calle a la otra, en la cantante, actriz y productora, los opuestos se reflejan en su facilidad para cambiar de la ópera al cabaret en una misma nota.

Su estilo la hace ver despreocupada. Incluso cuando habla, parece estar atenta a su entorno, sus ademanes son marcados, su carcajada es franca y su voz, estruendosa. Canta, escribe y dice ser especialista en el uso de Tinder para el ligue, pero todo eso, asegura, no es parte de un personaje, se trata de su verdadera personalidad.

“Lo que proyecto soy yo, no me gusta esconder nada a menos de que sea algo privado. Soy una persona muy curiosa y lo que hago lo llevo hasta el fondo”, cuenta.

La primera vez que Regina Orozco salió en un periódico causó mucha controversia, tenía siete años y el encabezado decía: “Cancán en una iglesia”.

La experiencia se remonta a cuando ella y sus hermanos formaban parte de una compañía teatral organizada por un sacerdote, quien, a ritmo del cabaret francés del siglo XIX, montó la Revista Musical Ilusión.

“Mi hermano y yo éramos los protagonistas, te estoy hablando de los años 70, y fue un boom porque era sobre dos niños que viajaban por el mundo y había unas chicas —mi hermana y sus amigas— que bailaban cancán. ¡Cómo en una iglesia! Fue algo irreverente para la gente, pero creo que al padre le gustaba más el teatro que dar misa, y yo dije ‘de aquí soy’”, explica.

Regina comenzó su preparación artística a los 13 años en el Conservatorio Nacional, siguió en el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA), después en el Centro Universitario de Teatro (CUT) y finalmente en la Academia Juilliard en Nueva York.

“Dedicarme a las artes fue una corazonada, algo que ya llevaba adentro. Mi papá es arquitecto y mi madre adora escuchar música. En el hogar estuvo presente el deseo de descubrir la belleza a través del arte”.

Esa curiosidad de su época académica la ha guiado toda su vida y le permite interpretar tanto piezas de ópera como canciones pop, rancheras y boleros, pero fue el cabaret el que terminó por atraparla.

“Me dio la posibilidad de decir ‘haz lo que quieras porque lo puedes hacer’ y en serio lo hago. Hay veces que no me sale bien, pero es parte del aprendizaje”, afirma.

Réquiem por una causa

Con el tiempo, defender las injusticias sociales se convirtió en parte de su misión, por eso se ha involucrado en movimientos para proteger el derecho a expresar las preferencias sexuales. Tiene una postura muy clara en contra de la violencia hacia las mujeres y promueve el respeto a la vida de todos los animales.

“A los 18 años tuve una relación lésbica y me sentía discriminada. Por fortuna mi familia se abrió y creció conmigo. Desde entonces tengo la necesidad de ser portavoz de las injusticias y ahora que más gente me escucha, se convirtió en un deber pedir respeto para los demás”.

Cuenta que en su juventud se consideró una mujer rebelde, sin embargo, la experiencia la llevó a una fase de entendimiento, de acciones y no palabras.

“Antes hablaba de nuestros gobernantes, pero vi que eso no cambiaba nada. Ahora trato de entender el papel que cada uno tiene en la vida y, en vez de criticar los errores, trato de crear una alternativa que me lleve a mí y a quien me sigue a hacer algo positivo por la sociedad”, dice.

Uno de los aportes que proyecta es ayudar a que las personas se acepten a sí mismas y a quitar prejuicios a través de un blog en el que escribirá sobre belleza, dejando de lado los estereotipos.

“Hay que aprovechar que el internet permite otro tipo de rebelión que busca que muchas cosas sean más netas y, aunque hay quienes te linchan, otros se abren a las posibilidades de aprender”.

Y desde esa trinchera, Regina quiere explorar otros vínculos con la gente.

Mujer de barrio

Una de las pasiones de esta artista es enfrentarse al monstruo de 16 cabezas que, describe, es la CDMX: le gusta recorrer los barrios de Coyoacán, las calles de la Condesa y los callejones del Centro Histórico.

“Vivo en un barrio y me gusta que haya una pollería, una miscelánea, que pase el señor del pan, el afilador, el de los camotes y escuchar el famosísimo sonido de los tamales oaxaqueños. Todo es parte de la pertenencia que te da este lugar inagotable, en donde puede suceder de todo”.

La soprano asegura que en lo laboral y en los placeres, la capital es una fuente inagotable de ideas y situaciones, pues bien podría armar un script de cabaret que compare desde Tepito hasta Santa Fe, pasando por Polanco, Tlalpan e incluso los alrededores como Ecatepec.

“Esta ciudad es todo un mundo, me da material para escribir y me deja conocer qué quieren los hombres en Tinder, aunque mi placer culposo son los chacales: estos hombres bien fuertotes, morenotes, con olor a sudor que, como dice un amigo, ‘un chacal lo agradeces como un billete de 100 pesos en tus pantalones’”.

En cifras:

  • 46 años de carrera artística está cumpliendo Regina Orozco en este 2017.
  • 1996 fue el año en el que ganó un premio Ariel por su actuación en Profundo Carmesí.
  • 6 discos entre pop, bolero y cabaret ha lanzado a lo largo de su trayectoria como cantante.

 

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Reportera que camina la CDMX. Ideática y platicadora en sus ratos libres. Escribe de madrugada y duerme en el autobús. Convencida que las personas están hechas de historias y no sólo de tripas y huesos. De la vida aprendió a no tener sentimiento de escasez.