Seee cooompran colchooones

La tonada es conocida en la ciudad. Nos subimos a uno de estos vehículos para contarte cómo son sus recorridos, qué es lo que más reciben y qué hacen con ello.

FOTOS: GUILLERMO MARTÍNEZ A.

Mientras hace una pausa para comer en una fonda, Leonardo Yahuaca habla de “la niña” y de lo fácil que es hallar esta tonada en Nezahualcóyotl. “Allá, vas a cualquier café internet y pides que te quemen un disco de ‘la niña’. Así: ‘la niña’. Hacen varias copias. Hasta un reguetón o salsa hay”, dice.

Leonardo se refiere a una grabación que ya forma parte del ambiente sonoro de la Ciudad de México, “Seee cooompran colchooones, tambooores, refrigeradooores…”, con la cual anuncian su paso las camionetas desvencijadas que recorren las calles en busca de objetos que los capitalinos quieran desechar.

Él, su primo Moisés y su papá, don Ignacio, trabajan desde hace cinco años en uno de estos vehículos. Y como muchos otros dedicados a esta labor, provienen de Neza, un populoso municipio del oriente del Estado de México, vecino de la capital, donde se ubican los depósitos de fierro viejo.

“Es imposible saber cuántos nos dedicamos a esto y cuántos usan a ‘la niña’”, asegura Leonardo. En tanto, cifras de la Secretaría de Trabajo local indican que al menos cuatro mil personas trabajan en la recolección y venta de este material.

Leonardo, de 29 años, entró en este oficio —su única fuente de ingresos— porque sólo estudió hasta la secundaria y necesitaba algo para mantener a quienes lo esperan en casa: su esposa y tres hijos, de tres meses, cinco y nueve años.

“Con mis estudios, no hay otro trabajo. Y si lo hay, está mal pagado y no alcanzas a cubrir tus gastos”, dice.

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Seis horas con “La niña”

La jornada de Leonardo y sus familiares empieza a las 10 de la mañana y termina a las cuatro de la tarde, seis horas en las que escuchan a “la niña” una y otra vez. Este martes les tocó recorrer la Condesa, una colonia difícil porque la gente que les vende sus objetos viejos “no quiere que le rayes las paredes o los pisos, y sus pasillos son muy estrechos”.

El resto de la semana lo reparten así: los lunes van a Ixtapaluca, los miércoles la camioneta no circula, los jueves van al mercado a vender chácharas y los viernes van a calles de la delegación Álvaro Obregón. Antes, dedicaban los sábados a ir a La Raza, pero como su vehículo ya no puede circular esos días, ahora van ahí los domingos.

“Ya tenemos nuestras rutas definidas”, dice don Ignacio, quien asegura que, a pesar de que la competencia ha crecido, cada semana recorren las mismas zonas porque la gente siempre tiene algo por desechar. “El sol sale para todos”, agrega el hombre de 52 años.

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Ganancia baja pero constante

“Aquí no es mucho lo que ganas, pero es constante. Todos los días sacas. Aunque sean 100 pesos diarios, pero son diarios”, dice Leonardo.

En un buen día, él y sus compañeros obtienen hasta 200 pesos, pero a eso deben descontar gasolina y comidas. Además, en estos meses las vacaciones no ayudan. La gente no está en sus casas o, si llueve, no se arriesga a mojarse por los 10 o 15 pesos que en promedio recibe por un aparato viejo.

“Luego la gente se enoja porque le damos poquito, pero si no, ¿qué sacamos nosotros? Los precios del fierro cada vez están más bajos. Ahora bajó de 2.70 pesos a 1.20 el kilo. Y no es culpa de los depósitos, sino de las fundidoras, ahí va a parar todo”, dice don Ignacio mientras observa lo recopilado en la jornada: un colchón, dos archiveros, un frigobar y una estufa.

“Hay que saber encontrar la manera de que el cliente quede contento y nos deje algo para comer […] Los de la basura no se llevan estas cosas. O si se las llevan, les cobran entre 50 y 100 pesos. Nosotros, al contrario, les pagamos por sus desperdicios. Si no existiéramos, tal vez las calles estarían llenas de fierros viejos”, comenta.

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De vuelta a Neza

Aunque en general la gente los trata bien, el recorrido no siempre es agradable. Cuentan que una vez un extranjero les echó agua y en otras ocasiones los vecinos han pedido que una patrulla se los lleve porque consideran que hacen mucho ruido.

Ninguno de los tres conoce el nombre de las calles. Dicen que no es necesario. Simplemente dan vuelta en las esquinas, haciendo un camino “de viborita” y volteando hacia las ventanas para ver si alguien solicita sus servicios. También van identificando zonas. Por ejemplo, a la calle Puebla, en la Roma, le pusieron “la calle ancha”.

A nivel capitalino, la labor que realizan las personas en estas camionetas no está reconocida por las autoridades como un empleo informal que forma parte del proceso de reciclaje. No hay cifras oficiales que den una dimensión de cuánto acopian.

Por las tardes, tras concluir su recorrido del día, la camioneta de Leonardo apaga su grabación. “La niña” calla e inicia el camino de regreso a Neza. En el trayecto pasa por Pantitlán, donde abundan los depósitos de fierro y es común ver largas filas de vehículos con colchones y aparatos viejos. Ahí, se espera para pesar lo recolectado y contar las ganancias, para a la mañana siguiente retomar un trabajo en el que, como resume Leonardo, “lo que para unos es desperdicio, para nosotros es lo que nos da de comer”.

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En cifras

  • mil personas se estima que se dedican a recolectar y vender fierro viejo en la ciudad.
  • 200 pesos ganan en un buen día las personas que trabajan en estas camionetas recolectoras.
  • 15 pesos pagan los recolectores a quien tira un colchón viejo y 10 por una estufa, en promedio.
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Rafael Montes es reportero de la ciudad desde hace siete años. Apasionado de la movilidad, el urbanismo y el medio ambiente. Ciclista y peatón cotidiano, no tiene auto y sólo de ser muy necesario deja la bici para subirse al Metro o al coche de su novia.