06066 | Por ellas, por todos

Opinión
Los últimos días han pasado entre la indignación y la incredulidad. Días en los que nos queda poco que celebrar y mucho que reflexionar

En la última semana hemos sido testigos de diversos sucesos que nos muestran que los avances en temas de inclusión y derechos de la mujer siguen estando más en los discursos que en los hechos.

Y es que estamos en el 2018, pero la Universidad de Medicina de Tokio aceptó haber manipulado los exámenes de admisión para negar el acceso a mujeres, una práctica que se venía haciendo desde el 2006 y que explica por qué tan solo el 20% de la plantilla médica en dicho país esté compuesta por mujeres.

Pero lo peor es la justificación que han dado para aceptar a 30 mujeres por cada 141 hombres. La excusa, según reveló un diario nipón, era que, para algunos, aceptar mujeres en la escuela de Medicina era como desperdiciar espacios; los catedráticos asumían que las mujeres no iban a ejercer, pues según ellos, solo querían estudiar para después embarazarse y quedarse en casa educando a sus hijos. ¿Les cae?

Del otro lado del planeta, la mexicana María Trinidad se embarcó en un viaje para conocer el mundo a sus 25 años, pero fue asesinada en su primer destino.

Un asalto en Costa Rica se convirtió en un feminicidio, después de ser abusada sexualmente. Pero lejos de encontrar repudio contra su asesinato y empatía con sus familiares, no faltó quien la culpara de su desgracia por andar viajando sola.

¿Por qué seguimos excusando a los culpables y condenando a las víctimas?

Por último, en el cono sur, más de 300 legisladores decidieron negar la oportunidad a las mujeres para decidir sobre su propio cuerpo y salvar miles de vidas con la interrupción legal del embarazo con atención médica especializada.

Uno de los argumentos que sostenía la legalización del aborto era no dejar a las mujeres solas, pero finalmente lo estarán. Argentina se quedó con una ley promulgada en 1921.

Estamos en el 2018, y aunque nos asumamos como una sociedad abierta o cosmopolita, la realidad es que no lo somos, tan es así que una cosa tan básica como la paridad de género sigue siendo tan solo un espejismo. Tal vez el verdadero motivo de la brecha no esté en la legislación, sino en las barreras mentales.

“Los avances en temas de inclusión y derechos de la mujer siguen estando más en los discursos que en los hechos”