El “nuevo nuevo” periodismo

Alguien que se las da de muy enterado, y a quien conocí por accidente, me dijo la semana pasada que la idea de que el periodismo tiene la función de conseguir que los ciudadanos se informen de lo que sucede en su comunidad, su país y el mundo “ya está superada”. Esa persona, claro, no tenía por qué saber que, en mi diccionario particular, la frase que establece que tal o cual cosa “está superada” significa que quien la dice es una bestia de tiro que se cree que descubrió el agua tibia.

El sujeto en cuestión, ante mi expresión de escepticismo, se apresuró a dar su versión de lo que debe ser el periodismo actual: los medios, dijo, son herramientas (“o hasta armas”) que utilizan los poderes en sus luchas. Y los periodistas, por tanto, deben ser incisivos, sí, pero solamente si están apropiadamente “engrasados” por el patrocinio publicitario (o de otra clase) de gobiernos, empresas, caciques, etcétera.

“¿Has visto a esos locutores que leen los boletines como periquitos y obedecen la voz del amo como perros en entrenamiento? Bueno, esos mismos son los que van a resultar más bravos cuando les suelten la cadena y los azucen contra el enemigo político en turno”. Luego de soltar esto, el tipo se sirvió un whiskito con el donaire de uno de esos estrategas publicitarios de Mad Men. Y prosiguió: “Por eso cualquier tema fuera de la agenda de quienes están en el ring no tiene espacio en los medios, sobre todo en los electrónicos, en los que ese espacio es más costoso. Lo que vemos son dos cosas: notas que forman parte del golpeteo entre los poderes, por un lado, y por otro, notas frívolas y hasta idiotas, con que se atrae a los espectadores facilones. Esas de ‘A Fulana la traicionó el vestido’ o ‘Los 10 mejores restaurantes para comer quesadillas sin queso ni tortilla’. Todo lo que no entre en esas categorías es minoritario y no tiene posibilidades”.

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Dado que quien decía esto era un personaje con un puesto nada despreciable en un medio de comunicación, tuve que comenzar a tomar en serio sus palabras. “¿Has visto cómo ciertos columnistas se involucran de golpe en temas simultáneamente, como en número de nado sincronizado? Pues en las secretarías, en el gobierno, en ciertas megaempresas, hay equipos de investigadores y redactores que les hacen llegar “paquetes” de información sobre tal o cual asunto. Paquetes con datos muy precisos. Y los columnistas aceptan publicarlos. A veces porque no tienen nada mejor y pueden parecer informados. Y otras porque reciben beneficios. ¿Has pensado que hay columnistas que no lee nadie pero cobran millonadas? Bueno, pues su trabajo es transmitir esas informaciones, que suelen ser mensajitos entre grupos”.

En ese momento el que se sirvió un whisky fui yo. Y me largué lo más aprisa que pude.

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Artículo anteriorEdición impresa: 6/03/2017
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Escritor mexicano nacido en Guadalajara. Autor de las novelas "El buscador de cabezas", "Recursos humanos", "Ánima", "La fila india" y "Méjico".