Foto: Sky News

06066 | La boda (ir)real

Opinión

No es lo mismo la realidad que la realeza, aunque pareciera que para muchos, la realeza está lejos de nuestra realidad.

Para muchos, podría ser una noticia frívola, inútil o superficial. Y es que la Casa Real Británica anunció ayer el compromiso del príncipe Harry con la actriz Meghan Markle. ¡Y agárrense!

Que si es un cuento de princesas, que si le dio el anillo, que cuánto le costó, que cómo le dijo y dónde se lo propuso…

Tal vez la noticia es frívola, inútil y superficial, porque ese es precisamente el trato que la gran mayoría de los medios le han dado, incluso cayendo precisamente en los lugares comunes que se han encargado de perpetuar la discriminación y desigualdad de género.

Que si es divorciada, que cómo una mujer que protagonizó escenas de sexo en su trabajo puede llegar a la familia real, etcétera.

Incluso no faltó alguna periodista del Mail On Sunday que se atrevió a insinuar que si en algún momento la pareja decide tener hijos, la familia real engrosaría su sangre azul y piel blanca con un ADN rico y exótico, haciendo una clara referencia a que la madre de Meghan Markle es afroamericana.

¿Pero qué pasaría si en vez de hablar y, sobre todo, juzgar su vida, como si se tratara de defectos, analizáramos lo que el compromiso de Meghan Markle con el príncipe Harry puede aportar a nuestra sociedad?

Se trata de una mujer independiente, de raza mixta, que trabaja, que es exitosa, que se ha divorciado y ha vuelto a rehacer su vida.

Perdón, pero ¿en dónde está lo malo?

A estas alturas, tal vez todos sepamos que se trata de una actriz, pero no todos sepamos que Markle ha fungido también como embajadora de Naciones Unidas para apoyar diversas causas, entre ellas la equidad de género.

Tal vez esta cobertura nos ayude a entender por qué, hace unos meses, el príncipe Harry se vio en la necesidad de enviar un comunicado a la prensa para pedir respeto y privacidad.

Y es que si alguien ha sufrido los embates de la prensa rosa, ese ha sido el príncipe Harry, quien —hay que decirlo— nunca se ha caracterizado por seguir los roles tradicionales de la realeza, una realeza que ha sido señalada por no adaptarse al mundo moderno. Sin embargo, por lo visto en las últimas horas, tal vez seamos nosotros los que, al desgarrarnos las vestiduras, seguimos mostrando que no nos hemos adaptado del todo al mundo actual.