Ciudad de necios | Diez casos de acoso

Diez casos de acoso

Necios que se divierten con el acoso. Necias que creen que es normal. Necios que las callan, las discriminan, las someten. No saben que, sometiéndolas, nos hunden a todos. 

Pregunto en redes sociales quiénes han pasado algo similar a lo que sufrió la actriz Fernanda Ostos. Recibo decenas y decenas de respuestas. De todas ellas, selecciono 10 y pregunto detalles a nueve mujeres y un hombre, porque, curiosamente, del total de las respuestas que recibí, cuatro eran casos de abuso sexual de hombres en la calle.

Cuidando la identidad de mis entrevistados virtuales, pregunto cómo sucedió, cómo reaccionaron y qué hicieron después del abuso.

Me sorprende, me da vergüenza, me aterra saber cómo el modus operandi de los abusadores callejeros es muy similar entre un caso y otro con las mujeres: “Me tocó como si nadie lo viera”, “Me arrinconó en el vagón como si fuera mi pareja”, “La gente (alrededor de la escena de abuso) no se mete, no dice nada aunque vean que estén viendo que te manozean (sic)”, “Me ocurrió durante el día”, “Fue un señor como de 60”, “Fue un chavito”, “Se fue como si nada”, “Le avise a una patrulla y no hiso (sic) nada”, “Pedí ayuda a unos patrulleros y me pidieron que los llevara con el tipo pero obviamente ya se había ido”, “Me tocó los senos”, “Fue en los senos”, “Se pego (sic) a mis pechos”, “Me agarró el trasero”, “Se pego (sic) a mi prte (sic) trasera”, “No levante (sic) denuncia”, “No demandé”, “No gano nada con ir al Ministerio (Ministerio Público), a mi hermana la golpeó la persona con la que vivía y el del ministerio le puso muchas trabas para levantar la denuncia, al final le dijeron que tenía que traer al hombre”, este último caso lo reportan en Veracruz. De los nueve casos de mujeres, cinco eran de la CDMX, uno de Morelos, otro de Sonora, uno más de Puebla y el de Veracruz.

Insisto que me llamó mucho la atención que hombres dijeran que también habían sido acosados y agredidos sexualmente en la calle. Los caballeros dicen que otros hombres les tocaron las nalgas, que los arrinconaron “contra una pared de por mi casa, las personas que pasaban creían que estabamos (sic) jugando”. Si bien en este país las mujeres están en constante desventaja y son quienes sobre todo aparecen sensiblemente por encima de los registros de los hombres, me parece revelador que levanten la mano a la hora de denunciarlo en público.

De los 10 casos que retomé, ninguno denunció, porque “no hacen nada” las autoridades, según ellos, “no va a pasar nada”, refiriéndose a si detendrán a los agresores.

Si es verdad (creo que así es) que las pequeñas acciones construyen grandes países, entonces la educación en casa es clave para que no haya abusadores, para que los jueces no propicien la injusticia, para que las instituciones y sus representantes no perpetúen la impunidad. Para acabar pronto: para que ya no nos cargue la chingada.

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Con 15 años de kilometraje en medios, cree que el rigor de la ironía y la seriedad de la risa pueden hacer un periodismo original.