Ciudad de necios | ¡Se están peleando!

Necios que no discuten, sino que buscan convencer

¿Qué será más peligroso en una charla: decir por quién vas a votar para Presidente o revelar el secreto de cuántos hijos fuera del matrimonio has tenido? Y digo peligroso porque ahora esas charlas pueden terminar en madrazos. No exagero cuando digo que es peligroso. Me cuenta una muy querida amiga de cuando un comensal, en una taquería, discutió con otro por quién votar y cuando defendieron a sus candidatos aquello terminó con los refrescos y las salsas por el aire.

Estamos acostumbrados a discutir desde la fe en algo: “Yo creo que él es así o aquello sucedió así”, y no por datos precisos y fundamentados. Y ya sabemos que cuando se trata de fe, no hay fin de la locura. En lugar de discutir con lo que nos dijeron en el WhatsApp, lo que vimos en Facebook o lo que andan diciendo en quién sabe dónde, deberíamos discutir los resultados de quienes compiten por nuestros votos, basados en información y datos sólidos, y no en creencias al calor de la charla. Los chilangos deberíamos subir el nivel de nuestras discusiones y eso se consigue con información, información y más información. Y esa se consigue en periódicos como este y como los demás, buscando contrapuntear versiones. Solo así elevaremos el debate y haremos a un lado los madrazos.

La gente se pelea cuando habla de política. Y más allá de la anécdota curiosa de cómo los amigos, las familias, las parejas, los colegas y los vecinos discuten sobre por quién sí y por quién no votar, percibo un problema que sí me parece grave y nada normal: ¿cómo será nuestro temperamento después de saber quién será el próximo Presidente o Gobernador en los estados donde la polarización es evidente?

Yo sé que esta ciudad vota, en su mayoría, por partidos de izquierda (que luego ni son de izquierda, ni son partidos sino negocios, léase el PRD y ahora Morena), pero si una parte del electorado vota esa opción, ¿cómo resolveremos el encono que hay en las calles por la divergencia de pensamientos? Es decir: la próxima Jefa de Gobierno (veo improbable que gané algún otro candidato frente a la puntera y quien la sigue) tendrá que gobernar una ciudad de enconos. Chilangos que no creen en los políticos, porque son opacos y que no esperan mucho de ellos, pero que, eso sí, los odian, les guardan rencor. Necesitamos un gobierno abierto, con transparencia y rendición de cuentas, que sea claro para que los ciudadanos también sean claros a la hora de elegir la siguiente administración, y así no caer en actos de fe basados en creencias sin fundamento verificable.

Gobernar una ciudad con chilangas y chilangos encabronados por las decepciones de las recientes: esa es la cuestión… y el reto.

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Artículo anteriorCrucigrama 29 de Mayo 2018
Nacho Lozano
Con 15 años de kilometraje en medios, cree que el rigor de la ironía y la seriedad de la risa pueden hacer un periodismo original.