Ciudad de necios | Verificando chismes

chismes

Necios que mienten y tergiversan la información. Chilangos amantes del chisme, pero ávidos de votar libremente. 

Nos encanta el chisme. Los chilangos estamos hechos de fe: no importa si lo que creemos sea verdad o mentira; importa porque lo creemos. El chisme es motor para infinidad de relaciones personales: destrucciones familiares, reconciliaciones amorosas, difamaciones vecinales, entretenimiento, tejido social y hasta construcción de identidad. Lo cierto (y sin chismes), es que ante el vacío de información los chilangos (los mexicanos en general) generamos explicaciones y versiones que no necesariamente están sustentadas en hechos, cifras, verdades o verificaciones. De hecho, fueron creadas para mentir a conciencia y crear versiones falsas para recibir un beneficio.

Los periodistas, dicen, son (somos) chismosos profesionales. Aunque el proverbio aplica para casi cualquier oficio. Incluso para los sin oficio. Hay quienes se pasan el día entero en el WhatsApp preguntando por el chisme de la novia de este, por el trabajo de aquel, por el chisme de su rompimiento, por saber con quién se acostó, cuánto dinero obtuvo o por qué la despidieron del trabajo. No me explico una reunión familiar chilanga sin por lo menos unos cinco chismes comentados por todos. ¿Es verdad lo que oigo? No importa, el chisme va más allá de la verificación: es, en muchos casos, el tronco que mantiene relaciones personales.

Existen programas de televisión basados en chismes sobre la farándula que durante décadas han tenido buenos niveles de audiencia. Nos gusta ver chismes en televisión. Los chismes entretienen y demandan un nivel de creatividad de quien los genera, edita, administra y distribuye que los vuelve interesantes, entretenidos y creíbles, al grado de crear una industria del chisme de la farándula redituable y millonaria. Si no hay un chisme sobre ti, es muy probable que no consigas fama y trabajo en la industria del entretenimiento. Pero también en la política hay chismes. Las campañas electorales tienen una considerable dosis venenosa de ellos. Si no hay antídoto a la mano, si no se contrarrestan sus efectos, la clase política y, con ella, la ciudad entera se pueden ir al carajo. El país entero se puede ir al carajo.

En términos noticiosos, a los chismes, las versiones no verificadas que buscan un fin (político, familiar, económico, moral, de intriga, de sabotaje o de lo que sea) son conocidas como fake news o noticias falsas. Se trata de información que muchos emisores liberan para fortalecer la otra industria (también muy provechosa) de inventar verdades, difamar o tergiversar la realidad común. Los chilangos somos leales consumidores de esa industria de las noticias falsas. Un verificador que nos diga si lo que leemos en Facebook o cualquier sitio de internet, si lo que consumimos en los medios masivos, es verdad o no, sería un regalo muy útil en este año electoral. Sería capital. Si bien no podemos implementar un verificador de verdades ante el chisme que la tía viene a contar sobre la sobrina de la colonia de junto, los chilangos sí podemos aprovechar una gran idea que se les ocurrió a un grupo de chismosos profesionales, periodistas, que bautizaron #Verificado2018.

Durante las horas posteriores del terremoto de septiembre del año pasado en la ciudad, #Verificado19S vino a jugar un papel esencial para discriminar entre noticias falsas, alertas inventadas, novedades sin sustento e información que no estaba verificada, de la que sí estaba verificada y comprobada. El éxito se debió a la avidez chilanga por saber verdades completas y no realidades manipuladas o noticias falsas. Por eso es que #Verificado2018 viene a ser de mucha utilidad para verificar la información que surge durante las campañas electorales. Entre guerras sucias, acusaciones sin sustento y debates donde los candidatos mienten o manipulan hechos, cifras y datos, es vital tener a redactores, reporteros, articulistas y editores verificando lo que se dice en los debates, lo que se divulga en redes sociales y lo que dicen los aspirantes en los medios de comunicación. Es sencillo: una chilanga o chilango que verifica su información, será un chilango que vote en libertad.

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Con 15 años de kilometraje en medios, cree que el rigor de la ironía y la seriedad de la risa pueden hacer un periodismo original.