Cómo perder adeptos

No me cae bien la intensidad de las conversaciones cuando de aborto o supervivencia del pez león se trata. Ojo, me fascina comer tanto quinoa como machitos, pero me aburre el discurso del vino natural y el escándalo de comer carne de ballena. Y no es por el sabor, es porque el discurso es extremista.

Más ejemplos. Siendo una mujer a favor de reducir la brecha de género y que reconoce lo mucho que nos falta para estar parejos —ellos siendo de Júpiter y nosotras de Saturno— me molestan las cuotas no fundamentadas en las aptitudes sino en el sexo. No sé nada de tauromaquia, pero me gusta la fiesta y lo que se ve, come, bebe y vive alrededor de ella.

No sé si estoy siendo clara. Suelo no estar de acuerdo con la extrema facinerosa. Por favor no se escandalicen, quienes me conocen saben que me gusta lo bueno por bueno, pero también porque tiene una intención. Cuando visité la cosecha de aleta amarilla no me indignó como tampoco lo hizo la yerra argentina y la ceremonia de castración. No quiero levantar ámpulas, simplemente confieso que soy rara, pero no tengo amigos en agrupaciones medioambientalistas o religiosas extremas. Y quizá me estoy perdiendo de algo.

Me entristece profundamente la basura en la panza de una tortuga y no uso popotes, pero reconozco que he comido huevo en polla y en taco, y tengo un peine de carey. Entiendo perfectamente el sacrificio huichol del venado, promuevo el mole de caderas y me niego a guisar relleno de chiles en nogada sin acitrón de biznaga.

Observo las normas y hasta los convencionalismos sociales, pero aún y cuando prefiero una tortilla de maíz nixtamalizado, dimensiono lo difícil que ya es hoy que todos los mexicanos la tuviésemos. Y le paro, porque hablar de posturas de transgénicos me hará perder aún más adeptos. Lloré el día en que supe que prohibirían vender charales fritos en Pátzcuaro y me gusta un ostión de la costa este de esos cultivados y engordaditos. Es como todo, dirían por ahí. Mis mañanas son de jugo verde de las verduras más lindas conviviendo con café de cápsula. Y cito a un nuevo amigo: quizá no es lo mejor del mundo, pero es lo que me gusta a mí y es lo que sé hacer.