Todo el rancho se asustó

San Marcos era un pueblo de Sinaloa que, como todos los pueblos, estaba hecho no solo de casas y calles, sino de personajes humildes e historias sencillas como la de aquel atormentado hombre que lo mismo lanzaba con precisión piedras a 50 metros de distancia que se tijereteaba con desespero una herida en las piernas en busca de una bala perdida entre sus huesos. Martín Rochín se llamaba el sujeto ya fallecido por la gangrena. Había también una yegua en brama que recorría las noches con violencia asustando niños a quienes sus padres no calmaban cuando les decían que era el caballo del diablo. “Así como les estaba platicando, hay muchos historiales aquí. Pueda que bastantes”, recuerda uno de los protagonistas de Los reyes del pueblo que no existe.

Otro de los personajes de esta película es una entrañable mujer que por la noche destaza un pollo en una cocina sin luz mientras nos vamos enterando que este lugar ubicado en Mazatlán quedó inundado por la construcción de una presa. Solo tres casas seguían habitadas cuando la cámara recorrió las ruinas que dejó la decisión oficial -ejecutada con ayuda criminal- de borrar a este pueblo del mapa. Los sobrevivientes del hundimiento de San Marcos son quienes se quedan a contarnos la historia, ya que los otros tuvieron que irse a vivir a un sitio llamado Nuevo San Marcos o de plano ya no los dejaron vivir. “Todo el rancho se asustó”, escuchamos con atención a uno de los náufragos retratados en este documental mexicano.

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Quizá por lo inmediato del asunto, la literatura mexicana no se ha esforzado demasiado en reflejar la barbarie con la que México ha hecho convivir su reciente vida democrática. En este primer cuarto del siglo XXI, atendiendo a su naturaleza un poco más inmediata, el periodismo literario y el cine documental han intentado mostrar la contradicción en la que se encuentra ese país que todavía se llama México. Hay que incluir este trabajo de Betzabé García en esa cruzada aún en marcha.

Los reyes del pueblo que no existe, no es solamente un documental que denuncia de manera eficaz el desplazamiento forzado de un grupo de habitantes de uno de los estados más violentos de México. Se trata en diversos momentos de un hermoso mosaico rulfiano levantado en medio del acabose. Como cuando “Jaime”, uno de los náufragos, le comenta a su esposa que quiere ir por la noche al panteón a ver a los espíritus del pueblo abandonado que andan por ahí y ella le pregunta qué va a hacer cuando los tenga enfrente. “Pues los lazo”, dice este pícaro campirano.

– Las almas en pena no las puedes lazar tú. Porque tú no eres Dios- contesta su mujer.

– Pos me hago Dios en ese rato.

– ¡Ay, Jaime, cállate la boca! Esas cosas son serias.

Como es normal, debido a que el enfoque es otro, este documental no informa que algunos de los habitantes de San Marcos que fueron trasladados por el gobierno hacia un territorio llamado Nuevo San Marcos, después volvieron a ser desplazados de manera forzada. Si la causa de su primer desplazamiento fue la autoritaria y corrupta construcción gubernamental de la presa Picachos, la de su segundo desplazamiento se trató de una violenta y corrupta guerra entre facciones del Cártel de Sinaloa, que derivó en asesinatos de pobladores de Nuevo San Marcos, cometidos lo mismo por narcos que por militares.

En el remanso de Los reyes del pueblo que no existe, hay una escena que da luces para conectar cuál es la tragedia de San Marcos y de Nuevo San Marcos (y probablemente también de muchos pueblos del resto del país). Sentados en el porche de una de las casas, los náufragos conversan con calma acerca de las ventajas de seguir viviendo ahí, en ese sitio inundado y prácticamente abandonado.

– En la mañana puedes ver un sol bien bonito y en la noche una luna bien bonita. Eso no lo compra el dinero- dice uno de los personajes.

– No, ¿cuándo lo va a comprar el dinero? Eso no. Eso te lo da la naturaleza.

– (Con dinero) compras lo que la misma humanidad creó para venderse.

Es cierto que el gobierno desapareció las casas y calles de San Marcos -y no se descarta que el narco haga lo mismo luego con Nuevo San Marcos-, pero han sobrevivido sus personajes humildes y sus historias sencillas. Gracias a Los reyes del pueblo que no existe están ahora más presentes y sirven para que no olvidemos y para que sigamos resistiendo.

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Testigo y narrador de conflictos del primer cuarto del siglo XXI en México y otros países. Su más reciente libro es Slim (Debate, 2015). Participó en la Comisión de la Verdad de Oaxaca que investigó y consignó a funcionarios por ejecuciones extrajudiciales y actos de tortura. Cofundador de agenciabengala.com.