La guerra cultural contra EUA

Recuerdo que durante mi infancia en Monterrey, varias veces corrió el rumor de que Nuevo León se iba a separar de México para integrarse a Texas. Mientras jugábamos partidos callejeros de futbol nos preocupaba que con ello, Tigres y Rayados ya no jugaran en la liga mexicana. A mí en particular, que no lo hicieran contra las Chivas, el mejor equipo del país.

Después supe que no se trataban de leyendas urbanas que se metían a conversaciones infantiles, sino que en efecto, en los 80 hubo en el noreste mexicano un movimiento de empresarios importantes que buscaban que la tierra donde nací fuera parte de Estados Unidos.

Más allá de los intentos separatistas de una élite económica, es innegable la enorme influencia de la cultura estadounidense sobre las sociedades norteñas. Cuando me preguntan si el cabrito es el platillo típico regiomontano, contesto que en realidad lo es la hamburguesa. Hay miles de puestos de este tipo a lo largo de la ciudad, en establecimientos formales e informales. Recuerdo que mi familia puso uno en el barrio donde crecí.

Cuando se habla de cultura estadounidense, quizá habría que precisar que la influencia proviene principalmente de Texas. Quienes nacimos tanto en Nuevo León como en Coahuila y Tamaulipas, sabemos que en varios sentidos, hay más paralelismos con el vecino estado americano que con el centro y sur de México. A veces, esta inspiración gringa puede ser algo positivo; otras, como en el caso del Colegio Americano, lo es trágicamente.

Sin embargo, toda esta interrelación cultural va a cambiar a partir de esta época, con la llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos y la guerra cultural que declaró en contra de México. Trump, ese nuevo engendro estadounidense con la honradez de Nixon y la inteligencia de Reagan, por no hablar de su carisma tipo Bush Jr., representa un movimiento en el que se refleja el lado más oscuro del pensamiento americano.

Frente a ello, así como Jesús Silva Herzog-Márquez, proponía hacer ejercicios de imaginación política como pensar a México ya sin Tratado de Libre Comercio, hay que repensar nuestra relación cultural. Revisar influencias positivas y negativas. Lo que en principio parece una catástrofe puede terminar siendo una catarsis nacional.

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Como referente de esto, valdría la pena revisar ejercicios premonitorios como el que encabezó Javier Sicilia con el Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad, durante el recorrido de Los Ángeles a Washington a lo largo de un mes. En ese viaje épico celebrado en 2012, el poeta habló de la diplomacia ciudadana, un concepto que seguramente tendremos que revivir estos años por venir.

Porque otra cosa será lo que suceda entre las élites, derivado de lo que haga la élite que gobernará ahora a Estados Unidos. Por ejemplo, el movimiento hecho por el multimillonario mexicano Carlos Slim Helú, al lanzar una canal de televisión hispano justo en este momento, o bien, el reforzamiento de la alianza entre Televisa y Univisión.

A la par de esa ruta, hay que ir acelerando la resolución de nuestras peores atrocidades. ¿Agua en lugar de medicina para niños con cáncer? Ese fue día que por fin muchos se dieron cuenta de que algunos de nuestros gobernantes eran igual o peores que los zetas.

Nosotros hagamos lo nuestro y mientras tanto, ojalá que Trump no tenga éxito alguno en su gestión. Porque eso sería en perjuicio de su país y del mundo.

Algo que nunca deberíamos aceptar es la normalización de esta aberración que significa el nuevo presidente estadounidense.

 

Tarumba

Hice una encuesta en Twitter con la siguiente pregunta: ¿Cree que el Chapo revele en Estados Unidos las redes políticas y económicas del Cártel de Sinaloa?

40 por ciento consideró que sí, mientras que el 60 que no. Hay que seguir con mucha atención el juicio a Joaquín Guzmán Loera. Ahí podrían descifrarse otros asuntos claves de la relación “por debajo del agua”, entre México y Estados Unidos.