¿Feliz Año Nuevo?

Cuando tenía cinco años me concedieron el papel protagónico en el espectáculo teatral de fin de año de mi kínder: yo sería el Año Nuevo. El Año Viejo era la directora de aquella diminuta escuela, una señora de cabellos blancos que se disfrazó de clochard. Mi debut actoral fue un fracaso: en cuanto salí al escenario me pasmé ante la mirada del público y, cuando apareció el Año Viejo en escena, me solté a llorar sin tregua durante el resto de la función, que debió ser interrumpida. Durante estas fiestas decembrinas, con el paso de 2016 a 2017, volví a experimentar una sensación muy parecida a la de aquella traumática despedida del año 1989 que me tocara protagonizar en escena.

Por más propósitos de mejoramiento personal que uno esgrima durante estas primeras semanas del año, por más suscripciones al gimnasio y voluntad de ahorro y promesas levantadas al cielo durante el último brindis antes de la resignada sobriedad de la cuesta de enero, no hay libro de autoayuda ni convicción espiritual que alcance a paliar la depresión y el vértigo que 2017 parece reservarnos a los mexicanos. El peso, síntoma y metáfora, cae en el aljibe sin fondo de la mala política, mientras los automovilistas eligen el caviar como nuevo combustible para ahorrar un poco en gasolina. Pero hay que ver el lado bueno de las cosas: ahora sí estamos todos de acuerdo en que ya valió madres. El falso optimismo que cundía al comienzo de ciclos anteriores ha dado paso a los disturbios. Donde hubo expectativa hay decepción; donde hubo esperanza, hay enojo. Las sorpresas que el gobierno se guardó para abrir con ganitas el 2017 son un tsunami de gotas derramando el vaso. El eterno retorno de lo mismo es el principio filosófico detrás de la administración peñista: ahí está Videgaray de nuevo.

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Disfrazado de año nuevo, frente a un público imaginado por mi megalomanía, lloro a moco tendido. El horóscopo, las galletas de la suerte y el FMI advierten, con la sintaxis misteriosa que los caracteriza: “La desaceleración se convertirá en doloroso retroceso. En el plano internacional, Mercurio será el menor de los retrógrados”. Si me esmero en buscarle el costado alegre al año que comienza, sólo se me ocurre anticipar que va a haber buenos memes. Curtidos en el dudoso arte de reírnos de nuestra desgracia, los cibernautas en vías de desarrollo viralizamos el argüende como catarsis. Así que feliz año 2017, estimados lectores.

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Escritor y autor de la novela "En medio de extrañas víctimas" y del libro de poemas "La máquina autobiográfica". Es becario del programa Jóvenes Creadores del FONCA 2016/2017.