Autorretrato con ciudad

Mi ciudad ya no es la misma en que nací:
cambió de nombre, se cayó y surgió de nuevo,
mucha gente que yo amaba no está aquí,
me acompañan lo que dejo y lo que llevo.

 

Voy buscando entre las ruinas, aunque duela,
la evidencia de seguir siendo el que soy;
volví a la Moctezuma a la casa de mi abuela,
tras los rastros del ayer el día de hoy.

 

Pero hay otra ciudad ahí sobrepuesta,
otras casas que han sido edificadas.
La ciudad a sí misma se detesta
y la memoria se siente traicionada.

 

Me pregunto qué Starbucks o estacionamiento
existe sobre el hospital que, una madrugada,
cobijó –cuentan– mi nacimiento.
Estaba por La Viga, pero La Viga no vale nada.

 

¿Y si yo también soy otro ser sobre el que era
como mi ciudad que se revela otra ciudad?
¿Y si no queda rastro ni frontera
de aquello que uno era a otra edad?

 

Cuatro décadas y cuatro años mirando
mil ciudades en eterna mutación,
la ciudad todas mis huellas va borrando
y la memoria se me vuelve de ficción.