Rodéate de tacos

Estoy en Los Ángeles haciendo una investigación sobre migración y comida mexicana. He tomado un Uber, que me lleva desde Koreatown, el barrio coreano en el centro de la ciudad, hasta el parque Huntington, donde me he quedado de ver con un editor de origen mexicano, una de las jóvenes estrellas del periodismo culinario local.

Estamos atorados en el tráfico en Wilshire Boulevard, a la altura del parque MacArthur, una hermoso descanso del concreto y los freeways, famoso por inspirar una de las mas torpes canciones de amor estadounidenses y luego por ser un campo de batalla de las bandas salvadoreñas.

Además de algunos vagabundos, en el parque caminan decenas de hispanos. Entonces me doy cuenta de un cliché gigantesco. En realidad estoy en una ciudad mexicana. No es que haya un parque igual en alguna colonia: es mas bien la atmósfera, la gente, este hormigueo humano que sólo se ve en el Zócalo y que me resulta tremendamente familiar.

Al doblar sobre South Alvarado, miro desde el auto una hilera de vendedores ambulantes que se ha colocado sobre la acera. En vez de estructuras con toldos de colores vivos, como en mi ciudad, ellos se refugian de sol con sombrillas de jardín.

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Unos días después, encuentro que mi golpe de intuición de turista recién llegado tiene un correlato periodístico y literario muy hermoso. En Translation Nation. Defining a New American Identity in the Spanish-Speaking United States, Hector Tobar dice que esta no sólo es una ciudad mexicana, sino que es el caldo donde se definirá la nueva identidad estadounidense.

En mi investigación culinaria he encontrado tlayudas de Oaxaca servidas con asiento y chorizo oaxaqueño hecho en Los Ángeles, he comido panuchos y sopa de lima, tacos dorados y picadas con salsa verde. Esta es una ciudad obsesionada con los tacos: he visto loncheras (como se llaman acá a los camiones con comida) que ofrecen tacos de cabeza, pero también tacos con combinaciones tailandesas. En Venice Beach, una cafetería sirve tacos con tortilla de coco. Un restaurante en Santa Mónica tenía el siguiente letrero político/culinario: “Surround yourself with Tacos, not negativity”.

Es probable que, como dijo Tobar, acá se está gestando la nueva identidad de los Estados Unidos, pero también estoy seguro de que se está cocinando una nueva forma mexicana que hemos ignorado y urge voltear a ver.