LADRILLOS PARA LA VERDAD

El video del fotoperiodista defeño Pepe Jiménez y las fotos de su colega Daniel Rodríguez Villa, quienes el 28 de octubre de 2014 grabaron la visita de Tomás Zerón, titular de la Agencia de Investigación Criminal de la PGR, al río San Juan de Cocula, junto a peritos que recogían huesos y a un detenido (que luego supimos torturado), así como la nota del diario El Sur del reportero local Alejandro Guerrero, quien consigna ese importante recorrido que nunca fue registrado en la averiguación previa del caso Ayotzinapa, fueron las revelaciones más impactantes del segundo informe del Grupo Interdisciplinario de Expertos Independientes (GIEI).

El trabajo de los periodistas evidenció la existencia de una diligencia ilegal y sugiere el momento en que la “verdad histórica” pudo haber sido sembrada por el policía ahora llamado Tomás Zembrón, pues en ese mismo sitio, al día siguiente, supuestamente se encontró el único y misterioso hueso de Alexander Mora, uno de los 43 normalistas desaparecidos, el único identificado, y que la PGR presentaba como la prueba de la quema de los estudiantes.

LEE LA COLUMNA ANTERIOR DE MARCELA TURATI: DOSIS DE VERDAD

Los tres periodistas junto con otros invirtieron semanas de su vida (Alejandro meses), para acompañar y registrar las búsquedas de los estudiantes. Como tercos sabuesos recorrieron Iguala y sus alrededores acompañando las búsquedas de los policías comunitarios y de las familias, persiguiendo funcionarios o haciendo sus propias investigaciones. Escalaban cerros, cruzaban ríos, hacían guardias bajo el sol. Algunas veces les cerraron el paso hombres armados. En las noches –espinados, hambreados, deshidratados– se sentaban juntos a revisar el material cosechado. Algunos, como Pepe y Daniel, financiando las investigaciones de su propio bolsillo, con dificultades para vender su material.

El “Informe Ayotzinapa 2”, con el que el GIEI se despidió, también recoge testimonios de valientes periodistas de Chilpancingo que la noche del 26, en cuanto se enteraron de las balaceras, armaron una caravana para cubrir lo ocurrido, desoyendo los riesgos. Ellos y ellas ayudaron a reconstruir los diferentes escenarios donde los normalistas y los futbolistas fueron atacados, así como los operativos de cierres carreteros. Sus notas, grabaciones, fotos y videos son testimonios de primera mano de la tragedia.

Los periodistas guerrerenses que colaboraron en la búsqueda de la verdad prefirieron el anonimato. Para ellos todavía es peligroso hablar.

El video del Zembrón cambió la narrativa del caso Ayotzinapa y es un símbolo del importante rol de la prensa en momentos de tanta confusión. A los periodistas nos recuerda la relevancia de documentar aun cuando no llegamos a entender qué estamos registrando y se nos escapan las claves para darle sentido, pues la información puede convertirse en pieza clave para reconstruir verdades enterradas. Las notas de hoy son notas para el futuro.

Muchas y muchos periodistas de Iguala, de Guerrero, de México entero se la juegan en su cobertura diaria de noticias, modestas, silenciosas, de procesos largos de los que no salen notas estridentes; en coberturas que no ganan premios, que no se basan en expedientes plagados de mentiras; en coberturas que nos explican por qué ocurre lo que ocurre, cómo llegamos a esto, y que algunas veces destruyen mentiras sembradas. Con sus notas diarias, aportan un ladrillo a la pared de la verdad. Ladrillos para un futuro.

Compartir
Artículo anteriorCuidado con López Obrador
Artículo siguienteYa viene el Tabacalera Jazz Club 2016
Fundadora de la Red Periodistas de a Pie. Colaboradora en la revista Proceso. Autora de "Fuego Cruzado: las víctimas atrapadas en la guerra del narco". Ganadora de varios premios internacionales entre los que destaca el Premio de Excelencia de la FNPI, Premio Wola de Derechos Humanos y Premio a la conciencia e integridad en el periodismo de la Fundación Nieman de la Universidad de Harvard.