Mitos y leyendas chilangas para morirse de… risa

    Olvídense de La Llorona o el callejón del Aguacate: estas son las verdaderas leyendas urbanas que tenemos en la Ciudad de México

    Dulces con droga

    Un clásico de los 80 y 90. Se decía que afuera de cada escuela había un señor que regalaba caramelos y una estampita con LSD. La telenovela Carrusel ayudó a propagar el mito y el pánico.

    El agua de la llave mata

    La forma más lenta de morir, según los chilangos paranoicos, es beber agua del grifo sin desinfección. Según las autoridades es mentira, pero como sabe medio gacho, preferimos el garrafón.

    Respiraderos del metro

    Existe la creencia de que caminar sobre estas rejillas es muy peligroso, y no porque se vayan a caer, sino porque cada vez que pasa el Metro se suelta una tolvanera de mugre y gases contaminados.

    Taco de suaperro

    Dicen que los puestos de tacos más chafas de la CDMX no sirven res ni cerdo, sino perro. Se habla de redes de secuestradores caninos que raptan cuadrúpedos para traficarlos como carne.

    Los baños de la Ibero

    Cuenta la leyenda que, en los dosmiles, cambiaron el drenaje de la Ibero. ¿La razón? Ante la epidemia de bulimia, las tuberías fueron corroídas por el ácido clorhídrico contenido en el jugo gástrico.

    Latas contaminadas

    Aún se cree que las latas de refresco están contaminadas con pipí de roedor. El mito de la leptospirosis es internacional, pero aquí se combina con la leyenda de las ratas gigantes que habitan el Metro.

    Cruda + sandía = muerte

    De los creadores de “Cómete un bolillo para el susto” o “Si haces corajes, debes alejarte del aguacate”, llega el “Si desayunas sandía cuando estás crudo, mueres”. Por si las dudas, mejor puros chilaquiles.

    Agujas con sida

    En los 90 corría el rumor de que en los asientos de los cines dejaban agujas contaminadas para que te contagiaras de VIH. Al sentir el pinchazo, te topabas un letrero: “Bienvenido al mundo del sida”.

    Fotos: Especiales

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    Estudió Comunicación en la UNAM, pero en realidad aprendió a escribir en los chat rooms noventeros y luego en los blogs. Es tan fan de la Ciudad de México que tiene el mapa del Metro tatuado en el brazo.