Archivo vivo

anarchivia

Anarchivia es uno de esos proyectos difíciles de definir e imposibles de encasillar. Es un archivo de cine y de aparatos de muchas épocas, desde el siglo XIX hasta los 80. También es una “antiescuela” para aprender lo que no viene en el plan de estudios de las carreras de Cine o Artes Visuales. Es una biblioteca. Es un cineclub multidisciplinario donde se aprovecha el carácter performático de las tecnologías analógicas. Es la base de un posible museo de la imagen proyectada, con una sobresaliente colección de películas caseras mexicanas que incluye muchísimos viajes a Acapulco, fiestas de cumpleaños y porno amateur.

Todo esto tiene como locación lo que fue una bodega de vestuario en los estudios Churubusco, entre los foros 7 y 8. Por eso, su centro de operaciones se llama Foro 7 1/2 (sí, como el piso 7 1/2 de Being John Malkovich). El director de Anarchivia, Gregorio Rocha, terminó ahí porque su archivo de películas tomó poco a poco su casa y tenía que encontrarles un nuevo hogar. También porque chambeaba en los Churubusco, donde empezó a documentar la historia de los estudios y a rescatar aparatos que tenían arrumbados. Hoy, el espacio está lleno de radios y teles viejas, moviolas, proyectores del siglo XIX y una linterna mágica que funciona con gasolina y fuego, y que echa tanto humo como un carrito de hamburguesas. Siguen recibiendo cachivaches y material fílmico en donación, así que ya sabes qué hacer con esa cámara antigua y los VHS de la graduación de tu tío. La idea es que nada se quede enlatado en el olvido. Acá parten de la filosofía de que hay que preservar para el presente, no para el futuro.

Además de los aparatos, el archivo audiovisual y la biblioteca, en Anarchivia tienen su acervo de fantasmas (¡un lugar así no podía no estar embrujado!). Por ejemplo, hay un espejo donde dicen que se aparece María Félix. Puro espíritu célebre.

Anarchivia se puede visitar cuando hay eventos, que ellos llaman “cinesucesos”. También hay talleres para jugar con el material y estas tecnologías que, como dice Gregorio, no estaban muertas, nomás andaban de parranda. Las actividades las anuncian en su página (anarchivia.org).

(Fotos: Cortesía)

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Estudió Comunicación en la UNAM, pero en realidad aprendió a escribir en los chat rooms noventeros y luego en los blogs. Es tan fan de la Ciudad de México que tiene el mapa del Metro tatuado en el brazo.