Bruno y Odiseo Bichir reinterpretan En casa en el zoo, un clásico del teatro

Bajo la dirección de Víctor Weinstock, Itari Marta y los hermanos Bichir protagonizan la puesta en escena de En casa en el zoo, uno de los clásicos del teatro contemporáneo

En 1958, el dramaturgo estadounidense Edward Albee estrenó El cuento del zoológico. 46 años después vio la luz Vida hogareña, obra situada momentos antes del argumento de la primera. Desde tres ópticas distintas, el autor exhibe cómo el sistema de valores de una persona —o tres personas— es puesto en tela de juicio. El telón de fondo es el contexto político y sociocultural de Nueva York en la década de 1970.

“Es una obra elusiva, misteriosa y genuina como retrato de la condición humana —cuenta Odiseo—. Peter, el personaje que yo interpreto, se ve a sí mismo como una persona recta y honorable; cree que ha formado su carácter a través de ciertas lecciones de la vida. Sin embargo, no reconoce aquello que pueda estar causando conflicto, puesto que no es muy afecto a escudriñar con una mirada crítica y aguda. Su esposa, Ann, lo va acorralando y persiguiendo para que encare un malestar y sacuda su universo”.

“Interpretar a Peter fue un desafío muy saludable para dejar atrás mis puntos de vista sobre distintos tópicos: este hombre podría aparentar ser alguien confiable, pero yo, en lo personal, lo vería como alguien de quien debo cuidarme gracias a sus ideas alarmistas respecto al peligro que representa la gente marginada, las minorías y quienes no piensan igual que él”.

Al preguntarle sobre una de las múltiples lecturas de la obra, Odiseo afirma que “el ser humano puede enloquecer si busca algo distinto en su vida y no es escuchado. Aun en un contexto social favorable, en el que se goce de cierta comodidad, puede experimentarse la incomunicación. Hay reglas de comportamiento que aprendemos desde la infancia, pero éstas no resuelven nuestras angustias y no terminan de darnos paz. Entonces, puede surgir algo que no sabemos qué es ni cómo se llama, pero que sentimos como una parte fundamental de nuestra vida. Algo que intenta salir a todo galope, lleno de fuerza y rebelándose a los condicionamientos naturales de la civilización. Si no sabemos lidiar con dichas fuerzas encontradas (y si nos pinchan mucho el ego) podemos poner todo en riesgo y acabar en la prisión, el manicomio o tirándonos por la ventana en el juego de serpientes y escaleras que representa la vida”.

“De una forma muy entretenida y placentera, el espectador vivirá momentos muy emotivos y estremecedores que, tal vez, le revelarán matices de su vida privada. Esta puesta en escena es un aviso para que tome precauciones y, como dice el refrán, ‘cuando vea las barbas de su vecino rasurar, ponga las suyas a remojar’”.

Al abordar a Ann, la actriz Itari Marta dice que su personaje “revela la crisis de una mujer cuando ha sido educada en términos tradicionales y cuestiona su femineidad. Ella se pregunta por qué el hecho de ser una buena esposa significa comportarse de manera sumisa y convencional, en un universo cerrado a cocinar, hacer el amor con tranquilidad, lavar los platos y mantener contento a su esposo. En especial, no disfruta de su sexualidad; ella está muy contenida y un día estalla. Su explotar es también un reflejo de la crisis social de aquella época. Las dudas planteadas siguen siendo vigentes, solo que en el presente están formuladas de forma distinta: aún no logramos asumir cómo disfrutamos nuestra sexualidad”.

“¿Qué pasaría si dejamos que nuestro animal interior gobierne de vez en cuando? Quizá, si le permitimos tomar el mando, podemos convertirnos en seres desquiciados. Y, al reverso, pensar demasiado y negar nuestra naturaleza no nos volverá mejores individuos. El psicoanálisis y la psiquiatría han intentado controlar a ese animal para crear una burbuja donde la razón de los códigos morales, las reglas y ciertos lineamientos tengan el mando”.

Finalmente, Bruno reflexiona sobre la identidad de Jerry, su personaje: “Él representa toda la marginalidad y frustración de un entredicho sueño americano; ha tenido el mal sino de vivir bajo esa circunstancia, y a veces pareciera que todo es culpa de la fortuna. En esencia, tus estudios, tu raza y tus preferencias no deberían interferir en tu desarrollo como ser humano. Sin embargo, en nuestro mundo, la marginación es inmensa”.

“Jerry es muy lúcido —a nivel personal creo que sus palabras tienen una fuerte carga de verdad—; cuando alguien es tan lúcido corre el riesgo de desequilibrarse. Ahora, no defiendo el lado opuesto: ser racional es lo peor que le puede pasar a una persona, porque todo se convierte en ecuaciones y debe estar hilvanado”.

Para concluir, el actor afirma: “Todos los días reviso el texto y salgo a la función intentando comprender sus palabras. Nunca conoceremos los misterios de Jerry; nunca entenderemos si sus historias son mentiras o alucinaciones. Al final, no tengo otra opción más que seguir el guion y cumplir su destino. Su ambigüedad y confusión me siguen inquietando y me provocan pesadillas. No termino de entenderlo y para mí es mejor interpretarlo de una manera intuitiva y sensorial”.

La obra se presenta los sábados a las 20 horas y los domingos a las 18, en el Foro Shakespeare (ubicado en Zamora 7, col. Condesa), hasta el 27 de agosto.

Fotos: Lulú Urdapilleta