06066 | ¿A qué huelen los libros viejos?

Esta semana, Sopitas escribe sobre ese inolvidable aroma que emanan los libros viejos y un proyecto muy interesante para recrearlo

Esta semana, Sopitas escribe sobre ese inolvidable aroma que emanan los libros viejos y un proyecto muy interesante para recrearlo

Todos tenemos un libro favorito. Uno que no solo guarda un pedacito de nuestra vida, sino también un aroma que ahora los científicos tratan de explicar

A todos nos ha pasado. Cuando entras a una biblioteca o simplemente te asomas por el librero del abuelo. El silencio es casi descomunal, pero si hay algo que se roba la atención de nuestros sentidos, es el aroma que nos rodea. ¿Qué es y cómo describirlo?

Los adjetivos son infinitos y el Smithsonian lo sabe. Y entre que, día a día, revistas, periódicos y libros desaparecen para dar paso a las lecturas electrónicas y que nadie sabe a ciencia cierta cómo explicar el olor a libros viejos, la revista Heritage Science se dio a la tarea de desarrollar una herramienta llamada la rueda del olor a libro histórico.

Se trata de un proyecto que busca caracterizar, preservar e incluso recrear algunos olores, partiendo desde lo más ecléctico como pudiera ser el olor que encierran los libros viejos.

Así pues, algunos científicos se encerraron en un laboratorio para realizar un análisis químico de todos los compuestos orgánicos volátiles emitidos por los libros, y dado que el papel está compuesto por plantas y material orgánico que está en constante descomposición, va liberando ciertas partículas que cuando se mezclan con el aire, van formando un olor único.

Este descubrimiento, por sencillo que parezca, puede ayudar a los conservadores a entender mejor la composición, la condición y las amenazas potenciales que yacen sobre los escritos históricos y las grandes obras literarias.

Por su parte, la Universidad de Londres —que también participó en este estudio— se encargó de entrevistar a los curadores y responsables de las bibliotecas más importantes del mundo, quienes llegaron a la conclusión de que el olor es la primera reacción que vincula a las personas con la historia, con los libros y las enciclopedias.

Pero más allá de becarios y encargados, la gente también fue cuestionada sobre los aromas con los que describirían algunos libros, y los olores más citados fueron: el aroma del café, de chocolate, de lluvia y, por supuesto, de viejo.

El proyecto aún está en pañales, pero los investigadores confían en que algún día, el olor de los libros pueda ser utilizado por museos e historiadores para reconstruir el pasado.

El trabajo ya está siendo puesto a buen uso en Inglaterra. Los investigadores están trabajando con Knole House, una casa histórica que ha estado en las mismas manos durante generaciones, para preservar y recrear los olores. Cuando escritores como Virginia Woolf se quedaron en la casa, documentaron cómo olía, y esa información se puede usar junto con las mediciones actuales y los análisis sensoriales para ayudar a preservar su olor durante generaciones. Y aunque el proyecto todavía está en su infancia, quizás un día el resultado pueda ser utilizado por museos e historiadores para reconstruir un pasado que ya no se puede oler.

Fotos: Cuartoscuro