Una liberación femenina

ROONEY MARA and CATE BLANCHETT star in CAROL

Me gustaría decir, para empezar, que Carol me parece una película muy hermosa. Aunque es un melodrama, su tono sutil, sin tantas exageraciones o gritos, sin villanos ni héroes, resalta la complejidad de una especie de Ana Karenina de la edad nuclear. También quiero decir que Carol es elegante y, más que un romance entre dos mujeres limitadas por una sociedad puritana, es una película sobre el acto de admirar.

En cada ocasión que Therese (Rooney Mara) sube a un auto con Carol (Cate Blanchett), el director Todd Haynes nos muestra su mirada y lo que mira. El sonido difuminado y los cuadros que se centran en la boca, los ojos, las manos de Carol, nos presentan a Therese como la narradora, aunque nunca escuchemos su voz en off. Es obvio que en su pose Carol tiene algo de artificial. Haynes no nos muestra a Carol, sino cómo ve Therese a Carol.

Ahora debo decir que Carol no es la película más ambiciosa de Todd Haynes. Su escena de sexo, menos explícita que cualquiera en La vida de Adèle (La vie d’Adèle, 2013), también sobre el amor entre dos mujeres, es una de las más arriesgadas que ha mostrado Hollywood entre dos estrellas, pero Carol no es tan excéntrica como los demás largometrajes de Haynes. No es tan visionaria como Safe (1995) o Velvet Goldmine (1998) ni imita a los maestros de Haynes como Fuera del cielo (Far From Heaven, 2002) o Mi historia sin mí (I’m Not There, 2007). Sin embargo, sí nos ofrece una nueva imagen del ama de casa.

Si en Safe y Fuera del cielo Haynes nos mostró a la esposa suburbana como comodidad incómoda y después como esclava a punto de emanciparse, Carol nos muestra a una mujer tan decidida a ser libre que resulta a veces cruel. Estos tres filmes son una pequeña historia de la liberación femenina y Carol, llamada igual que la protagonista de Safe, es su culminación.