Habitantes del… Teatro Fru Fru

Con más de 100 años de existencia el teatro Fru Fru es uno de los más enigmáticos de la Ciudad de México y no hay mejor manera de hablar de él que a través de sus habitantes.

Muchas cosas se dicen acerca del Fru Fru: que está embrujado, en muy mal estado, que deberían remodelarlo, ¿apoco todavía existe?, etc. Por ello decidimos lanzarnos a este enigmático recinto fundado en 1900, y conocer a la gente que no sólo ha trabajado en el teatro, sino que vive arriba de él y ha experimentado en carne propia las leyendas que se repiten de boca en boca.

“Es una reliquia de la Ciudad de México”

Don César, a quien no le gustan las fotos, ha pasado más de 20 años de su vida en un departamento ubicado arriba del teatro. Para él vivir aquí es algo extraordinario, pues le ha dado experiencias que pocos pueden presumir, como trabajar en el Fru Fru hace dos décadas. “Tienen unos cuartos abajo donde se acumula el agua, como cisternas, cuando llueve mucho se llenan. Mi función era darle funcionamiento a las bombas para que saliera el agua hacía el drenaje, para que no se inundara el teatro”, explica este habitante del legendario edificio en la calle Donceles del Centro Histórico.Fru Fru Teatro

Lejos de todo su esplendor y terminada su época dorada, el Fru Fru permaneció cerrado durante años. Don César pasó un año entre las profundidades del teatro (literalmente hablando), la gente que entraba era escasa y ningún gran espectáculo llegaba a presentarse.

Debido a fuertes diferencias con la dueña (Sí, con la ‘Tigresa’), optó por dejar su trabajo en el teatro. Actualmente aquella época no le trae más que recuerdos amargos y muchas anécdotas curiosas, como los hombres que le aseguraron que a media noche sale un sujeto vestido de traje a rondar el teatro o en las ocasiones que, mientras trabajaba debajo del recinto, escuchaba pasos sobre el escenario.

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No obstante, está seguro de que el recinto puede ser rescatado y tal vez volver a gozar de buenos tiempos como en antaño.“Es una reliquia para la ciudad, lo que necesita es una buena restauración, que entre una persona con ganas, que lo levante con buenas obras, mucha publicidad y una buena limpieza”, afirma Don César, mientras mira la dorada reja del teatro con cierta nostalgia.

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Tras dejar el Fru Fru consiguió un trabajo muy cerca de ahí, exactamente arriba, como conserje de todo el inmueble. Durante 12 años se convirtió en uno de sus pilares más importantes y tantos años de esfuerzo le otorgaron una curiosa recompensa.

Debido a que él conocía mejor que nadie el edificio, fue solicitado para apoyar en la filmación de algunas escenas de la película Spectre. “Yo les daba acceso a unas áreas porque conozco todo el edificio. Entonces les daba por ahí alguna idea para las escenas”, platica don César. Proveniente de Veracruz, dice que no cambiaría su residencia por ninguna otra; “es muy bonito vivir aquí, uno ve muchas cosas bonitas”.

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“Siempre le dejaba sus dulces a la estatua de afuera”

Varias décadas atrás, cuando el teatro portaba el nombre de Virginia Fábregas, se presentaban un gran número de obras. Con el paso de los años y la muerte de la actriz que daba nombre al teatro, estas obras se presentaban con menor frecuencia, incluso el teatro cambió de dueño y posteriormente estuvo cerrado dos años debido a conflictos legales. A pesar de los tiempos difíciles, el teatro, propiedad de Irma Serrano, continúa recibiendo puestas en escena, lo que permite a un sinfín de actores disfrutar de uno de los escenarios más importantes de la Ciudad de México.

Cristian Hernández, actor de teatro, trabajó en el Fru Fru como parte del espectáculo El Show de Rocky, el año pasado, lo que representó una grata experiencia para él a pesar de pensar que el recinto es algo siniestro.

Cristian

Antes de ingresar al Fru Fru los productores los pusieron al tanto de las leyendas del teatro, haciendo incapie en la estatua de lo que parece ser un demonio portando una pequeña charola. Según se cuenta, los actores deben dejar un dulce como ofrenda para que sus obras no fracasen. “Nos dijeron que era mejor prevenir que lamentar, entonces yo, por si las dudas, mejor le dejaba su dulce antes de cada función”, comenta Cristian entre risas.

Demonio

Y parece que dio resultados, pues además de que la obra fue un gran éxito, a él no le sucedieron cosas que lamentar. “Mi experiencia fue muy grata, nunca me pasó nada, tengo compañeros que dicen que sí los espantaban, que sí se les aparecían, que hasta les escondían las cosas, pero a mí no”, detalla el afortunado actor.

Aunque por fuera el teatro se ve más que abandonado y conserva el mismo mobiliario de hace décadas, el paso del tiempo le inyectó al interior un aire de misterio que fácilmente llama la atención. A Cristian le llegó a dar miedo el lugar; sin embargo, eso no impidió que disfrutara su estancia al máximo. “El teatro es hermoso, por la historia, por los años, por su arquitectura. Es un poco tenebroso y misterioso pero también eso lo hace especial”.

“He entrado una sola vez”

Magdalena Ventura ha pasado 22 años de su vida arriba del teatro, pues vive en uno de los departamentos que están sobre el mismo. Desafortunadamente ella no vivió los años dorados del Fru Fru; de hecho sólo ha tenido la oportunidad de entrar en una ocasión y eso, ni siquiera fue para ver una obra.Fru Fru 1

“Sólo he entrado una vez. El teatro es muy grande. Yo llegué cuando ya no estaba en funcionamiento, después estuvo Ortiz de Pinedo, donde todavía se hacían obras pequeñas”, explicó Magdalena.

Aunque para muchos vivir sobre un teatro de este tamaño es algo para presumir, ella procura que no interfiera tanto en su vida. “Sí llegamos a ver a varios artistas. Mi hija, que estaba pequeña, quería ver a una cantante pero no la dejaron ni acercarse, fue una mala experiencia. Desde entonces nos dicen ‘va a venir tal artista’ y nosotros sólo contestamos ‘ah, qué bueno’; y ya no bajamos, para que no nos vuelva a suceder algo así”, asevera la mujer.

A pesar de tener curiosidad por cómo estará actualmente, normalmente no tienen acceso para entrar al Fru Fru, pues desde hace algunos años el edificio fue separado administrativamente del teatro. Pero por azares del destino, después de dos décadas de vivir sobre él, Magdalena entrará por fin a ver una obra y una bastante especial, pues su nieto Julio César de 10 años participará en la comedia musical Cuando el viento silba el próximo 29 de enero y el 11 y 12 de febrero.

Orgullosa por la actuación de su nieto, Magdalena presume el póster de la obra y espera que sea todo un éxito. Ella y su hija hacen bromas acerca del evento y las leyendas que envuelven al teatro. Entre risas aseguran que le dejarán muchos dulces a la estatua para que la obra del pequeño Julio sea todo un éxito y mucha gente vaya a verlo.

(Fotos: Karla Almaraz, cortesía y Yelp)

 

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Egresada de FES Aragón (UNAM) me encuentro en constante cambio y aprendizaje. Curiosa de todo lo que acontece a mi alrededor y fiel a la idea que todos tenemos una historia que contar.